La oscuridad en EsSalud Huánuco

La escena es impactante: médicos en el Hospital EsSalud de Huánuco operando bajo la tenue iluminación de sus celulares, enfrentando lo imposible para salvar vidas en condiciones que rozan el absurdo. La falta de un sistema de contingencia eléctrica no solo revela un alarmante nivel de negligencia institucional, sino que expone de forma cruda la precariedad de un sistema de salud que debería garantizar dignidad y seguridad a quienes dependen de él.

Es inaceptable que, en pleno siglo XXI, un hospital carezca de algo tan básico como un grupo electrógeno. Este tipo de equipos no es un lujo ni un capricho: es una herramienta indispensable para garantizar la continuidad de los servicios médicos en situaciones de emergencia. Sin electricidad, el riesgo no es abstracto; es concreto y letal. Pacientes en estado crítico, como aquellos que dependen de respiradores mecánicos, sistemas de transfusión o incubadoras, enfrentan un peligro inmediato y evitable.

La responsabilidad recae directamente en las autoridades del hospital y en el sistema que permite que estas fallas ocurran. El director, Iván Barrera Egoavil, deberá rendir cuentas no solo por la ausencia de planificación, sino por las consecuencias que esta negligencia podría acarrear, incluyendo pérdidas humanas que no pueden justificarse de ninguna manera. La comunidad asegurada y el personal médico tienen derecho a exigir respuestas claras y soluciones urgentes, no promesas vacías o excusas de presupuesto.

Al mismo tiempo, no podemos ignorar la heroica iniciativa del personal médico, que, a pesar de las adversidades, demostró un compromiso admirable con su juramento profesional. Sin embargo, su esfuerzo no debería convertirse en la norma para encubrir fallas estructurales. Los médicos no deberían tener que improvisar con sus celulares para suplir la ineficiencia de quienes están llamados a gestionar el sistema de salud.

Es hora de que EsSalud asuma sus responsabilidades y que las autoridades nacionales investiguen este caso como un llamado de atención sobre las condiciones en las que operan otros centros de salud en el país. ¿Cuántos hospitales más están al borde del colapso? ¿Cuántas vidas están en peligro por la desidia administrativa?

El problema en Huánuco no es solo una falla eléctrica, es una falla moral y sistémica. No se puede permitir que este episodio quede como una anécdota más en el historial de negligencias. La salud y la vida de las personas son un derecho, no una concesión, y garantizar ese derecho debe ser una prioridad absoluta.