Onu Israel Gaza
Onu Israel Gaza

La ONU censura el plan de ayuda israelí para Gaza luego de un inicio caótico

La situación humanitaria en Gaza se deteriora rápidamente, exacerbada por las tensiones diplomáticas y la creciente frustración internacional con la prolongada ofensiva israelí. La distribución de ayuda, crucial para aliviar el hambre generalizada, se ha convertido en un punto de fricción, con acusaciones mutuas entre la ONU e Israel sobre la gestión y el destino de los suministros, profundizando la crisis humanitaria.

Según la investigación publicada por The New York Times, Israel enfrenta una de las semanas más desafiantes en términos diplomáticos desde el inicio del conflicto en Gaza. Esta presión se debe, en parte, al descontento creciente entre sus aliados, incluido el gobierno de Trump, respecto a la duración y la forma en que se está llevando a cabo la guerra.

La ONU ha condenado la reciente operación de ayuda respaldada por Israel en el sur de Gaza, particularmente tras los incidentes caóticos durante el lanzamiento de la iniciativa. Miles de palestinos, desesperados por la falta de alimentos, se agolparon en un centro de distribución, lo que llevó a las fuerzas israelíes a realizar disparos de advertencia. Este evento subraya la magnitud de la desesperación y la complejidad de la entrega de ayuda en un entorno tan volátil. Antes de permitir el flujo de asistencia la semana pasada, Israel mantuvo restricciones a la entrada de ayuda humanitaria a Gaza durante más de dos meses, un periodo que intensificó la escasez de alimentos y otros bienes esenciales para la supervivencia de la población.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU informó que multitudes irrumpieron en uno de sus almacenes, resultando en la muerte de al menos dos personas y heridas a varias más. Este incidente plantea serias dudas sobre la viabilidad y la seguridad de los nuevos mecanismos de distribución de ayuda propuestos por Israel, cuyo objetivo declarado es marginar a Hamás en la gestión de los recursos. Sin embargo, esta iniciativa ha generado críticas y boicots por parte de la ONU y otros organismos humanitarios, así como la oposición de muchos de los países occidentales que tradicionalmente apoyan a Israel.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha reiterado su intención de llevar a cabo una ofensiva terrestre a gran escala, con el fin de asestar un golpe decisivo a Hamás. A pesar de los intensos bombardeos y combates terrestres que se han prolongado por más de un año y medio, el grupo armado palestino se niega a rendirse, manteniendo una guerra de desgaste y reclutando nuevos combatientes. Esta persistencia complica aún más la situación humanitaria, ya que la infraestructura civil y la capacidad de las organizaciones para operar se ven constantemente comprometidas.

Jonathan Whittall, alto funcionario humanitario de la ONU, describió el intento de Israel de tomar el control de la ayuda humanitaria como “un ataque contra su dignidad humana”. Según Whittall, decenas de personas resultaron heridas en la estampida del martes, y la situación general refleja una profunda crisis de desesperación y falta de acceso a necesidades básicas. Mientras tanto, la Fundación Humanitaria de Gaza, a cargo de la nueva operación de ayuda, afirma haber establecido centros de distribución y proporcionado miles de paquetes de asistencia sin incidentes, aunque esta afirmación contrasta con los informes de caos y violencia en los puntos de distribución.