La retórica del expresidente Trump con respecto a China se ha centrado en los aranceles, pero un análisis más detallado de sus decisiones desde que asumió el cargo revela un espectro más amplio de restricciones económicas dirigidas a Beijing. Este enfoque podría acelerar una separación de Estados Unidos de uno de sus socios comerciales más importantes. La balanza comercial entre Estados Unidos y China ha sido un punto de fricción constante, alcanzando un déficit de 382.9 mil millones de dólares en 2023, según datos del Departamento de Comercio de EE.UU.
Según la investigación publicada por The New York Times, la administración Trump ha propuesto expandir las limitaciones sobre las inversiones que fluyen entre ambos países. Además, ha designado a funcionarios que, debido a preocupaciones de seguridad nacional, probablemente impulsarán más restricciones a las inversiones chinas y a la venta de tecnología a China.
La imposición de un arancel del 10% a las importaciones chinas, calificado por Trump como una “primera salva”, es un indicio de la dirección que ha tomado la política comercial estadounidense. Este arancel, aunque presentado como el inicio de un proceso negociador, sienta un precedente para futuras acciones.
Después de años en que funcionarios de ambos partidos redujeron gradualmente la relación económica de Estados Unidos con China, las acciones de Trump sugieren una mayor disposición a una ruptura de lazos más agresiva. Esta postura marca un contraste notable con las políticas comerciales anteriores, que buscaban un equilibrio entre la competencia y la cooperación.
Samm Sacks, investigadora del Paul Tsai China Center de la Facultad de Derecho de Yale, afirma que el memorándum sobre inversiones emitido por la administración Trump se asemeja a “un llamado a completar la tarea inconclusa de deshacer completamente los lazos comerciales con China”. La experta subraya la importancia de este documento como una posible hoja de ruta.
Sacks añade que los pronunciamientos podrían ser “una herramienta de negociación” para que Trump inicie negociaciones con el líder chino, Xi Jinping. Sin embargo, advierte que “si eso fracasa o no funciona, lo que probablemente sea lo más probable, veo esto como el plan para terminar el trabajo de desacoplamiento”. Esta perspectiva plantea serias dudas sobre el futuro de la relación comercial entre las dos potencias económicas.
En el contexto geopolítico actual, caracterizado por una creciente competencia tecnológica y estratégica entre Estados Unidos y China, estas medidas podrían tener consecuencias significativas para el comercio global y la estabilidad económica internacional. El futuro de las relaciones entre ambas naciones dependerá de la capacidad de ambos líderes para encontrar puntos en común y evitar una escalada de tensiones.



