La obsesión de Elon Musk con DOGE plantea dudas sobre Tesla

La trayectoria de Tesla, otrora símbolo de innovación en el sector automotriz, se encuentra en una encrucijada. Mientras el mercado global de vehículos eléctricos experimenta un crecimiento sostenido, la empresa liderada por Elon Musk enfrenta un declive preocupante en sus ventas, generando inquietud entre inversores y analistas del sector.

Según la investigación publicada por The New York Times, la creciente implicación de Elon Musk en la política de derechas y su rol como asesor de Donald Trump para la reducción de costes parecen desviar su atención de Tesla, justo en un momento crítico para la compañía de coches eléctricos.

El informe detalla que las ventas de Tesla cayeron un 1% el año pasado, un contraste notable con el aumento del 25% en el mercado global de vehículos eléctricos. Esta divergencia plantea serias interrogantes sobre la estrategia actual de la empresa y su capacidad para mantener su competitividad en un mercado cada vez más concurrido. Recordemos que en 2024, la inversión global en electromovilidad superó los 400.000 millones de dólares, demostrando el auge del sector.

Musk no ha abordado públicamente este rendimiento inferior ni ha presentado un plan concreto para revitalizar las ventas. La ausencia de detalles sobre el modelo más asequible que Tesla planea lanzar este año también genera incertidumbre. Históricamente, Musk se ha caracterizado por promocionar intensamente los nuevos vehículos de la marca con meses, incluso años, de antelación a su lanzamiento, una estrategia que ahora parece abandonada. Esta falta de comunicación se produce en un contexto donde rivales como BYD están ganando terreno rápidamente en mercados clave.

Gran parte del tiempo de Musk desde las elecciones presidenciales lo ha pasado en Washington y en la residencia de Trump en Florida, lejos de las sedes de Tesla en Austin, Texas, y el Área de la Bahía de San Francisco. Esta desconexión física y aparente falta de enfoque en las operaciones diarias de la empresa, que en 2024 anunció una expansión de su Gigafactory de Nevada con una inversión de 3.600 millones de dólares, suscita dudas sobre su compromiso con el futuro de Tesla.

En la última década, Tesla transformó radicalmente la industria automotriz mundial, pasando de ser una startup en apuros a un gigante que vende millones de coches eléctricos y genera enormes beneficios. Este éxito, reflejado en el aumento del precio de sus acciones, convirtió a Musk en la persona más rica del mundo. Ahora, esa posición de liderazgo se ve amenazada si no se toman medidas correctivas urgentes.

La preocupación de los inversores y expertos en gobierno corporativo sobre la capacidad de Musk para gestionar múltiples empresas no es nueva. Además de Tesla, Musk dirige SpaceX, X (antes Twitter) y xAI, con ambiciones que van desde la exploración espacial hasta el desarrollo de la inteligencia artificial. Con cada nueva empresa, la carga sobre sus hombros aumenta, y la pregunta clave es si puede mantener el timón de Tesla con la misma eficacia.