La necesidad de un equilibrio entre el trabajo y el orden en Huánuco

En Huánuco, alrededor de 5000 trabajadores informales ocupan las calles, especialmente en las inmediaciones del Mercado Modelo. Estas personas, como muchos otros ciudadanos, buscan ganarse la vida y mantener a sus familias. No se puede negar que su necesidad de trabajar es legítima y urgente. Sin embargo, es igualmente importante reconocer que el uso desordenado de las vías públicas afecta a todos. Permitir que estas calles se conviertan en un mercado a cielo abierto no solo entorpece el libre tránsito de peatones y vehículos, sino que también perpetúa la informalidad, creando un entorno de desigualdad y desventaja para quienes cumplen con sus obligaciones legales.

El trabajo informal es una realidad compleja. Mientras algunos comerciantes verdaderamente humildes apenas alcanzan a vender entre los 50 y 100 soles diarios, existen otros que se han convertido en verdaderos empresarios informales que venden de 500 soles a más por día. Estos últimos evitan pagar impuestos, eluden la seguridad social de sus empleados y continúan operando en las calles para maximizar sus ganancias. Esta disparidad entre los distintos grupos de comerciantes informales es injusta no solo para ellos mismos, sino también para los miles de empresarios formales que, a pesar de las dificultades, cumplen con sus responsabilidades fiscales y laborales. Ellos también trabajan arduamente para sostener a sus familias, pero además deben lidiar con la competencia desleal que surge de la informalidad.

Es fundamental que comprendamos que el desarrollo de nuestra sociedad pasa por el respeto a las reglas que nos rigen a todos. Las normas no deben aplicarse solo a un grupo, mientras que otros operan al margen de ellas. El permitir que las calles sigan siendo ocupadas por comerciantes informales no solo afecta la calidad de vida de quienes transitan por esas zonas, sino que también envía un mensaje erróneo: que la informalidad es aceptable y que el cumplimiento de la ley es opcional.

Las autoridades tienen el reto de encontrar un equilibrio que respete el derecho de las personas a trabajar, pero que también mantenga el orden y la justicia. No es justo que aquellos que luchan por hacer las cosas bien se vean perjudicados por la permisividad hacia la informalidad. Es hora de que todos, tanto comerciantes como autoridades y ciudadanos, entendamos que para vivir en paz y armonía, las reglas deben ser para todos. Solo así podremos construir una sociedad más equitativa y desarrollada.