La maternidad, a menudo idealizada como un acto de entrega incondicional, puede convertirse en un laberinto emocional para muchas mujeres. La presión social para cumplir con el rol de “madre perfecta” a menudo lleva al sacrificio del bienestar personal, generando un ciclo de agotamiento y sentimientos de insuficiencia. De hecho, estudios recientes indican que hasta el 70% de las madres primerizas experimentan algún grado de “baby blues”, mientras que un porcentaje significativo desarrolla depresión postparto, un trastorno que requiere atención profesional. La falta de autocuidado, exacerbada por las expectativas culturales y la falta de apoyo, juega un papel crucial en esta problemática.
Según la investigación publicada por El Comercio, la idealización de la maternidad puede llevar a las mujeres a descuidar sus propias necesidades, lo que resulta en ansiedad, agotamiento y una constante sensación de no ser suficiente.
El artículo aborda la transformación en la concepción del autocuidado tras la llegada de un hijo. La atención, inevitablemente, se centra en el recién nacido, dejando de lado las necesidades de la madre. Preguntas básicas sobre su bienestar físico y emocional quedan relegadas, mientras que las demandas del bebé imponen un ritmo agotador. La pérdida de individualidad, la dificultad para atender necesidades básicas y las expectativas sociales ejercen una presión adicional sobre la madre, especialmente en ausencia de una red de apoyo sólida.
Psicólogos y terapeutas enfatizan que, en este contexto, el autocuidado deja de ser una opción y se convierte en una necesidad vital. Sin embargo, la forma de ejercerlo se transforma. En lugar de prolongados momentos de desconexión, se propone el “microautocuidado”: pequeñas acciones como respirar profundamente, disfrutar de una ducha tranquila o establecer límites sin sentir culpa. Esta adaptación es crucial para mantener el equilibrio emocional y prevenir el agotamiento materno. La experta Giuliana Dávila comparte su experiencia personal, resaltando la importancia de la paciencia y la validación de las propias emociones durante esta etapa de ensayo y error.
Se ofrecen consejos prácticos para las mujeres que se preparan para ser madres, destacando la importancia de la autoconciencia, la identificación de una red de apoyo y la planificación del autocuidado. Se enfatiza que cuidarse no es egoísmo, sino una necesidad para afrontar los desafíos de la maternidad. Se desmitifica la figura de la “supermamá”, animando a las mujeres a pedir ayuda y reconocer sus límites. Además, se promueve el respeto por los cambios corporales que conlleva la maternidad, instando a valorar el cuerpo como testimonio de fortaleza en lugar de castigarlo por no ajustarse a ideales preconcebidos. El descanso adecuado se presenta como un elemento fundamental para el bienestar materno, previniendo el agotamiento físico y mental.
Identificar las señales de descuido personal es crucial. El abandono del aseo personal, el llanto frecuente, la sensación de fragilidad, el vacío emocional, la dificultad para disfrutar y la fatiga extrema son indicadores de que el autocuidado ha sido relegado. Ante estos síntomas, es fundamental validar las emociones y realizar una introspección honesta, preguntándose cuándo fue la última vez que se atendieron las propias necesidades. Normalizar la búsqueda de ayuda y la expresión de las emociones es esencial para prevenir el aislamiento y reducir el riesgo de depresión postparto, que afecta a una proporción significativa de madres.




