La escalada de tensión entre India y Pakistán alcanza un nuevo pico tras el trágico ataque en Cachemira, donde 26 turistas perdieron la vida. La respuesta del gobierno indio no se ha hecho esperar, señalando directamente a Pakistán como instigador y anunciando medidas punitivas contundentes que tensan aún más la ya delicada relación bilateral. Este incidente se produce en un contexto regional ya marcado por disputas territoriales históricas y acusaciones mutuas de apoyo a grupos insurgentes.
Según la investigación publicada por The New York Times, la India no ha atribuido oficialmente la responsabilidad del ataque a ningún grupo específico, a pesar de que casi todas las víctimas eran ciudadanos indios. Sin embargo, las acciones anunciadas el miércoles se justifican como una respuesta al supuesto apoyo de Pakistán a ataques terroristas en suelo indio.
En una demostración de firmeza, el gobierno indio ha decidido suspender su participación en el Tratado de Aguas del Indo, un acuerdo clave desde la década de 1960 que regula el flujo de ríos vitales para el sistema de irrigación pakistaní. Esta decisión podría tener graves consecuencias para la agricultura y la estabilidad económica de Pakistán. Además, se ha decretado el cierre de una importante frontera terrestre entre ambos países, restringiendo el comercio y el tránsito de personas.
Las medidas adoptadas incluyen también una reducción significativa de las relaciones diplomáticas, con la expulsión de asesores militares pakistaníes de la misión en Nueva Delhi y la imposición de restricciones adicionales a la ya limitada emisión de visados para ciudadanos pakistaníes. Esta serie de acciones representa un claro deterioro en las relaciones diplomáticas y un aumento en la desconfianza mutua.
Estas decisiones fueron tomadas en una reunión de gabinete presidida por el Primer Ministro Narendra Modi, mientras los féretros de las víctimas llegaban a diversas partes del país, generando escenas de profundo dolor y consternación. El Primer Ministro fue informado sobre «las conexiones transfronterizas del ataque terrorista», según declaró el secretario de Asuntos Exteriores de la India, Vikram Misri, aunque sin ofrecer mayores detalles al respecto.
El Ministro de Defensa, Rajnath Singh, en la primera reacción pública del gobierno indio, reafirmó la «política de tolerancia cero hacia el terrorismo» del país, insinuando la posibilidad de represalias militares. «No solo perseguiremos a los autores de este acto», afirmó, «sino también a los actores que están detrás de las escenas, urdiendo tales conspiraciones para ser llevadas a cabo en suelo indio». Esta declaración eleva el tono del conflicto y genera incertidumbre sobre las futuras acciones de India.




