La momia Katherine de Lunahuaná Veinte años después de su asombroso hallazgo y el misterio de su origen sin resolver

Enclavada en el paisaje vitivinícola de Lunahuaná, un distrito conocido por sus deportes de aventura y riqueza histórica, la momia “Katherine” emerge como un fascinante enigma preincaico. Este hallazgo, acontecido hace dos décadas en la zona de Catapalla, ha transformado este rincón de la sierra de Cañete en un punto de interés tanto para el turismo local como para la investigación arqueológica. La región, además de sus atractivos naturales, alberga diversos sitios arqueológicos que evidencian la presencia de culturas ancestrales.

Según la investigación publicada por El Comercio, el descubrimiento de Katherine no solo ha capturado la imaginación popular, sino que también ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de proteger y estudiar el patrimonio arqueológico de Lunahuaná.

Rafael Alcalá, un residente de Catapalla, es la figura central de esta historia. El 7 de junio de 2005, mientras buscaba colmenas extraviadas en el sitio arqueológico Suero de Catapalla, Alcalá se topó con un grupo de tumbas profanadas. Su curiosidad y sentido de responsabilidad lo llevaron a descubrir, entre los restos saqueados, a Katherine, una momia en notable estado de conservación. La posición fetal en la que se encontraba, junto con las ofrendas de cerámica y semillas, sugerían un entierro con un significado ritual profundo.

La conexión de Alcalá con Katherine trascendió lo fortuito. Relató haber tenido sueños recurrentes con figuras ancestrales que lo guiaban hacia el lugar del hallazgo, interpretando este fenómeno como una señal para proteger los restos. Incluso el nombre de la momia, Katherine, provino de un sueño posterior al descubrimiento, donde una niña se le reveló en una visión. Este vínculo personal ha impulsado a Alcalá a convertirse en el custodio de Katherine, velando por su integridad ante la falta de apoyo institucional.

A pesar de la llegada de representantes del entonces Instituto Nacional de Cultura (INC), la momia permaneció en Catapalla, gracias a la insistencia de Alcalá. Desde entonces, arqueólogos independientes han visitado el lugar, sugiriendo vínculos con la cultura Huarco, un pueblo preincaico de Cañete, e incluso con la cultura Nazca. Sin embargo, la falta de estudios exhaustivos impide determinar con certeza su origen y antigüedad.

La creciente afluencia de turistas, atraídos por la historia de Katherine, genera ingresos para las agencias locales y el municipio, pero no se traduce en inversiones para la conservación del sitio. Alcalá denuncia la falta de protección oficial, exponiendo a Katherine y otros vestigios preincaicos a constantes intentos de saqueo. Asimismo, insta al Ministerio de Cultura (Mincul) a tomar cartas en el asunto, impulsando la investigación y preservación del lugar, para asegurar que el legado de Katherine perdure en el tiempo.