La política arancelaria de la administración Trump continúa generando incertidumbre en los mercados internacionales. Hace un mes, el presidente Trump anunció la imposición de aranceles de gran alcance a las importaciones provenientes de Canadá y México, una medida que finalmente se pospuso tras un acuerdo de última hora que concedió un respiro de 30 días. Este vaivén en la estrategia comercial ha mantenido en vilo a empresas y consumidores.
Según la investigación publicada por The New York Times, la implementación inicial de los aranceles provocó una fuerte reacción adversa en los mercados, lo que llevó al Sr. Trump a suavizar su postura concediendo una prórroga de un mes a la industria automotriz.
Posteriormente, y ante la intensa presión ejercida por grupos empresariales que alertaban sobre un previsible aumento de precios, el jueves se ampliaron las exenciones a una gama aún mayor de productos importados desde los países vecinos del norte y del sur. Este cambio de rumbo pone de manifiesto las tensiones internas dentro del gobierno sobre la idoneidad de los aranceles como herramienta de política económica.
La fluctuación constante entre la imposición de aranceles y su posterior aplazamiento se ha convertido en una característica distintiva de la gestión comercial de Trump. El presidente ha defendido en repetidas ocasiones el uso de aranceles, incluso afirmando que la palabra “arancel” es una de sus favoritas. No obstante, esta indecisión refleja una creciente conciencia de que los impuestos a las importaciones no son una solución universal para todos los problemas económicos que enfrenta el país. Recordemos que, en 2024, la inflación alcanzó un pico del 5%, presionando el gasto de los hogares.
Los asesores económicos de Trump insisten en que los aranceles forman parte de una estrategia más amplia que no dañará la economía. Sin embargo, las demoras y exenciones revelan una preocupación latente sobre los riesgos de llevar los aranceles demasiado lejos, especialmente en un momento en que la economía muestra signos de debilitamiento y los consumidores aún se recuperan de la inflación. De hecho, el índice de confianza del consumidor ha experimentado una ligera caída en los últimos meses, según datos del Conference Board.
Este comportamiento errático en la política arancelaria genera dudas sobre la coherencia y la efectividad de la estrategia comercial de la administración Trump. La incertidumbre resultante podría tener un impacto negativo en las inversiones y el crecimiento económico a largo plazo. Es importante señalar que las relaciones comerciales entre Estados Unidos, Canadá y México son vitales, con un volumen de intercambio que superó los 1.4 billones de dólares en 2024.



