Por Israel Tolentino
Una fotografía nos habla del Perú “profundo” reunido en Lima. Genoveva Núñez mira las palomas del atrio de la iglesia San Francisco, Jesús Urbano Rojas sonríe desde un extremo, Pablo Macera, Juan Zárate, Rosaura Andazabal … Miran al fotógrafo. Todos, parte de ese hermoso sueño fundado por Macera con el nombre de “Seminario de Historia Rural Andino” (SHRA). Estamos acostumbrados a encontrarnos con fotografías de artistas excéntricos en poses inaugurales, pocas veces, saliendo de oír una misa dedicada a Túpac Amaru II.
Esta es una mañana curiosa, mientras realizo el camino habitual de un poco más de 3 km. Entre el lugar donde vivimos con la familia y el centro de laboro, una rama con final en “Y” apoyada sobre una piedra parece un venado en reposo, unos pasos más y la imagen del salvaje venado de ojos grandotes y húmedos desaparece; el camino tiene al río de compañero, otro poco de andar y entre las hojas montadas surge un ave moviéndose, un conjunto de mariposas, otros insectos. La rama retiene el espíritu del ave cuando se posa en ella, la piedra en su forma, tamaño y color camufla la piel del venado; por eso la piedra es venado, las ramas y hojas son aves, mariposas, a veces estrellas.

En el libro Santero y caminante, librito de cabecera, descubrí a Genoveva Núñez Herrera (Ollantaytambo, 1939) aunque los reconocimientos tarden, hay quienes sobreviven al tiempo y reciben en vida todo eso en creces. La maestra Genoveva es de casta dura, luchadora, gota de agua que horada la piedra. Pertenece a la generación del destierro, la migración, quienes dejaron los inigualables andes para bajar a Chosica, exactamente Huampani, la Lima madrastra.
Fátima y Bernadette juegan a hacer muecas, doña Genoveva y Sarita Castro las contemplan y sonríen, las gradas donde se sientan, los rayos de la tarde la cubren con la sombra protectora de la cruz de Rasuwillka y el celeste de la fachada de la capilla Virgen Medalla Milagrosa reemplaza el cielo gris de esta tarde. Mamá Geno como le saluda cada persona con la que nos topamos, le llena de hogar y poesía a esta parte de Alto Huampani. La artista transfigura su país, su localidad, su casa, su vida…

Genoveva Núñez Herrera, en 1984 se casó con el artista Jesús Urbano Rojas (1925 – 2014), recibió el 2018 el premio Joaquín López Antay; el 2021 se publicó el íntimo libro: Arte y tradición oral quechua de Ollantaytambo, estudio íntegro de Rosaura Andazabal Cayllahua (1961 – 2021), quien escribe: “recibió esa visión encantada del mundo mientras, como niña, recorría a diario un paisaje por sí asombroso, marcado por la fauna y la flora silvestres. Venados, zorros, pumas, aves de todo tipo, así como los brotes de maguey, capulí, aguaymanto, apuntalaron en su sensibilidad toda la seducción de las narraciones escuchadas una y otra vez de los mayores”.
Mamá Geno, visitaba periódicamente el SHRA y tenía largas conversaciones con Rosaura Andazabal para hacer este libro que confirma la inmensidad de su mundo; los textos son preciosos, oro puro. Todo lo que viene a este territorio se quechuaniza, el español/castellano de mamá Geno, como sus pensamientos y sentir subvierten en la mentalidad colonial, el harawi, la hermandad entre la rana y el río, el picaflor y el cactus, entre el hombre y el cerro; Lima, en cambio, provincia poblada, donde hace mucho se libra una encarnizada reyerta entre lo que es e intenta no ser.

Los reconocimientos a mamá Geno no son casuales, ha sabido continuar aportando al legado dejado por Jesús Urbano. Mamá Geno junto con Ella Krebs, son nuestras artistas vivas más importantes de su generación, con lucidez y fuerza, donde las vicisitudes nacionales vigorizan sus obras. Hijas de las dos capitales; la casa de mamá Geno está construida literalmente sobre roca, desde allí, un ventanal le muestra la ciudad que crece y elabora las más fascinantes historias nacionales de este “Triciclo Perú” como suena la emblemática canción de “Los Mojarras”.
Mientras Mamá Geno les enseña a Fati y Berni a preparar “papa yeso” para elaborar las imágenes de los retablos, pienso en estas valientes mujeres: Ella Krebs, Agustina Valera, Marina Nuñez del Prado, Lastenia Canayo, Olinda Silvano, Georgina Dueñas, Tilsa Tsuchiya, Cota Carvallo, Julia Codesido… Todas ellas, constructoras de un poco más de la mitad de este país llamado Perú (Prusia, agosto 2023).




