LA IV BIENAL DE TRUJILLO RAICES Y FRUTOS: CONEXIONES CULTURALES

Por: Israel Tolentino

Desde hace mucho, el término “bienales” se ha familiarizado con la gente del mundillo de las artes, es precisamente el Perú, donde este tipo de eventos aún no llega a enraizar y, las pocas que hubieron, se han caracterizado por la interrupción. En los tortuosos 80s la ciudad de Trujillo, dio un salto cualitativo en la escena Latinoamericana al convocar la I, II y III Bienal con el entusiasmo y pundonor de Gerardo Chávez Y María Ofelia Cerro, a propósito de esta última Bienal, escribió el 2018 Alfredo Villar: “la III Bienal se caracterizó “por darle un giro teórico al proyecto”.

Isabella Bringasche, Santiago Salazar Mena y Manuel Parreño (cortesía de Gonzalo Fernández).

Fue así que el nombre del coloquio, Modernidad y Provincia, se convirtió en el lema de un encuentro cultural que convocó a las mentes más lúcidas y renovadoras del pensamiento artístico latinoamericano: empezando por la presencia de Juan Acha, el legendario crítico de arte peruano radicado en México; Gerardo Mosquera, curador responsable e ideólogo de la Bienal de La Habana; el crítico paraguayo (y quien años después se convertiría en ministro de Cultura de su país) Ticio Escobar, y la siempre polémica y provocadora pensadora chilena Nelly Richard”, y hace poco, con motivo de la inauguración de la IV Bienal de Trujillo, estas preguntas referidas por Alfredo Alegría, crítico de arte trujillano, nos ponen contra las cuerdas: ¿Podremos seguir alimentado la esperanza? No nos queda otra opción, pese al trágico contexto que nos circunda. ¿Y nuestros artistas plásticos? ¿Se adelantaron para anunciar estos días de catástrofe o se engolosinaron en una ilusión de modernidades falsas, estéticas ambiguas y rupturas inexistentes? Preguntas válidas para Trujillo y todo el país. Quedará buscar una respuesta en las reflexiones al término del evento y en lo que el tiempo dejará como memoria.

Distancia y Desencaje de la Ñusta, obra de Gonzalo Fernández (Perú)

Institucionalizar una Bienal le vendría bien a cualquier lugar, ponerse de acuerdo en convocar a las personas idóneas para que las lleven a cabo, en todo caso, en cada versión podrían ir tentando alternativas, hay ejemplos de sobra, maneras de contextualizar estos y la puerta abierta a propuestas originales, incluso “descabelladas”. La Bienal de Trujillo pone sobre el tapete las carencias nacionales, ponerse de acuerdo desde quien ejecuta la iniciativa y como se conforma al cuerpo encargado de la logística.  Las Bienales, justamente se valen de dos años para organizarse, tener bien esbozadas sus ideas y convocar a los artistas, un ejemplo sencillo: un artista local e internacional de trayectoria sostiene una actividad calendarizada, necesita mucha anticipación para anotarse en eventos así, a parte, si se debe pagar el traslado de su obra, debe contar con el tiempo necesario para gestionar auspicios, etc.

Instalación de Víctor Hugo Bravo (Chile).

Santiago Salazar Mena, director de la comisión de la IV Bienal, David Calderón de los Ríos, director de la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad, Wilo Vargas Morales, arqueólogo, museógrafo y curador y Víctor Montenegro Burga, director de la Escuela de Bellas Artes “Macedonio de La Torre” han tomado en sus manos esta Bienal, elogiemos su valentía, sobre todo, sabiendo que para muchos proyectos se tiene que negociar con representantes de la política, no siempre idóneos. Institucionalizar algo como la Bienal es un el reto para Trujillo y que otras regiones incluida Lima deben imitar.

Obra de Mariella Leal (Argentina).

Todo este despliegue en torno al arte siempre trae encuentros positivos para su población, se vuelve incluso un semillero de vocaciones (seguro a otros les hará desistir). Recordemos que, en la Bienal de 1987, cerca de la playa de Huanchaco, Emilio Rodríguez Larraín dejó “La máquina de arcilla”, una obra de Land Art destruida hace poco; un evento como la Bienal y cualquier otra dedicada al arte y la cultura, no puede quedarse indiferente ante ese atropello. El pensamiento crítico es vital en el arte, todos tenemos el deber, al menos moral, de demandar a que esa obra la devuelvan a su lugar.  

Trujillo es una hermosa ciudad, seguirá dando sorpresas, hay que estar preparados para sumar y contribuir a responder, al menos esta pregunta de Alfredo Alegría: ¿Podremos seguir alimentado la esperanza?, si estimado Alfredo, la Bienal de Trujillo ha encendido la esperanza (Arequipa, enero 2025).