Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
Si existe una realidad del tamaño de una montaña, una contra la que ni los más recalcitrantes argumentos de las mentes más necias y trasnochadas podría oponer ningún tipo de razón, por más, incluso, que las posibles justificaciones vinieran “respaldadas” por esa “nueva” forma de entender las cosas, de asumir la vida, que de un tiempo a esta parte se nos viene imponiendo a todas horas y desde distintos flancos por ese sector dizque progresista de la política mundial, es el hecho indiscutible de que los niños, por su obvia condición de personas en muchos sentidos vulnerables, por su evidente naturaleza de sujetos pasibles de ser influidos en muchísima más medida que cualquier otro individuo cuyo desarrollo físico, mental y emocional sean mayores, resultan particularmente influenciables por todo cuanto provenga de su entorno inmediato, esto es, por todo cuanto vean hacer y oigan decir, por todo cuanto acontezca a su alrededor.
De ahí que, por esa misma condición suya, proclive, como se dijo, a verse influenciada de las más inimaginables maneras por todo cuanto ocurra a su alrededor, los adultos debamos ser lo suficientemente cautos y sensatos como para no permitir que cuestiones que podrían afectar, por ejemplo, su natural desarrollo físico o emocional, terminen dañándolos de un modo que, en determinados casos, podrían llegar a ser incluso irreversibles, dependiendo, claro está, del grado de exposición hacia tales cosas de que hayan sido víctimas. Hablamos, sobre todo, de situaciones relacionadas con una temprana exposición a cuestiones de índole sexual, las mismas a las que, indiscutiblemente, no tendrían por qué verse expuestos. A no ser, desde luego, que el objetivo de quienes los llevan a enfrentarse a ese tipo de cosas, y a una edad en la que, insistimos, ningún niño se encuentra preparado para ello, sea precisamente el de inculcarles determinadas ideas o creencias que, andando el tiempo, les haga asumir las posturas y actitudes de aquellos.
Lo increíble del asunto es que, con todo y ser lo anterior totalmente razonable, en la actualidad parece haberse olvidado por completo dicha condición de vulnerabilidad inherente a todo niño. Llegándose al extremo de poner por encima de su bienestar físico y emocional, los intereses de ciertas minorías extremistas, acostumbradas, como es bien sabido, a ponerse en el papel de víctimas del sistema, cada vez que no se les permite hacer lo que les viene en gana. Claro ejemplo de esto último es lo sucedido en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, que se ha visto envuelta en una gran polémica, y esto es lo paradójico del caso, debido no ya a que en su programación se encontraba considerada una actividad denominada “Cuenti Drag”, la misma que consistiría en una lectura de cuentos realizada por drag queens y dirigida a niños, la misma que sería organizada por Percha colectivo LGBT+, sino más bien a su cancelación.
Pues, por surrealista que parezca, ante la oportuna cancelación de la mencionada actividad por parte de la FIL Monterrey, en aras, como quisiéramos creer, de una necesaria protección del bienestar emocional de los niños, han salido a anunciar la cancelación de su participación en la feria del libro toda una serie de escritores, indignados por la dizque discriminación de que estaría siendo víctima Percha colectivo LGBT+, organizadora del polémico evento. Así, diversos escritores, como la estadounidense Veronica Roth, autora del best-seller Divergente, han anunciado que no asistirán a la FIL Monterrey en solidaridad con Percha colectivo LGBT+. “La cancelación de estos eventos se ha vuelto cada vez más común, convirtiéndose en una tendencia peligrosa que estigmatiza a quienes participan en eventos de drag y, por extensión, a muchos miembros de la comunidad LGBTQIA+”, ha dicho Roth.
A todo esto, cabe preguntarse: ¿Se trata en realidad de discriminación? ¿Hay aquí un evidente caso de censura? ¿O es, más bien, que a lo que volvemos a asistir es a un caso más de victimización, uno de los tantos a que nos tienen ya acostumbrados estos sujetos? La respuesta la tenemos en el comunicado de la FIL monterrey a raíz de los hechos suscitados, que en concreto dice lo siguiente: “Reconocemos que hay posturas a favor y en contra con respecto a la presentación, las cuales no construyen el diálogo que buscamos propiciar. Por ello, nos acercamos con el grupo organizador de dicha actividad para solicitar diferentes opciones para llevar a cabo el encuentro. Ante la negativa de buscar alternativas a dicho evento, se ha suspendido la actividad”.
Entre las alternativas de que habla el comunicado, estaba, como trascendió, el que la susodicha lectura de cuentos realizada por drag Queens no estuviera dirigida a niños sino a personas adultas. Con lo cual, por supuesto, el asunto estaba solucionado. Pero claro, como hoy importa más la hipersensibilidad de ciertas minorías, que el bienestar emocional de los niños, aquí los malos de la película, los homofóbicos, siempre acaban siendo los que tienen el valor de ponerle un alto a tanta majadería. No hay duda de que estamos viviendo la era de la inversión siniestra de los hechos.




