Según la investigación publicada por Gestión, la inversión global en inteligencia artificial sobrepasó los US$ 124,000 millones en el año 2024, marcando un hito en la evolución tecnológica y confirmando la centralidad de la IA en la estrategia empresarial contemporánea.
El informe “Technology Trends Outlook 2025” de McKinsey & Company, destaca que la IA no es una promesa lejana, sino una realidad inminente que obliga a las empresas a readaptar sus infraestructuras digitales. Esta urgencia se manifiesta en la necesidad de optimizar la eficiencia, ampliar las operaciones y asegurar la competitividad en un mercado cada vez más digitalizado. La adaptación a la IA se ha convertido en un factor crucial para el éxito empresarial.
A pesar de que un 78% de las organizaciones ya han implementado la IA en diversos grados, solo un ínfimo 1% ha logrado una adopción completa y efectiva. Esta disparidad revela un potencial de crecimiento significativo, donde la clave reside en superar la implementación superficial y avanzar hacia una integración estratégica y profunda en todas las áreas de la empresa. El desafío no radica solo en la adopción, sino en la madurez de la integración.
La visión de McKinsey & Company desglosa las tecnologías disruptivas en tres áreas clave: la revolución de la inteligencia artificial, las fronteras del cómputo y la conectividad, y la ingeniería de vanguardia. En la primera, la “Agentic AI”, con su capacidad para razonar y ejecutar tareas complejas, experimentó un crecimiento del 985% en la demanda de talento, atrayendo inversiones por US$ 1.1 mil millones en 2024. Paralelamente, la IA General continúa su expansión, aunque su aplicación efectiva aún se encuentra en sus primeras etapas en muchas organizaciones.
En el ámbito del cómputo y la conectividad, la expansión de las redes 5G, que alcanzaron los 2,250 millones de conexiones en 2025, impulsa innovaciones industriales gracias al “slicing de red”. La inversión en plataformas de Cloud y Edge Computing alcanzó los US$ 80.8 mil millones, con empresas como AWS y Google a la vanguardia, desarrollando chips especializados. La ciberseguridad y la confianza digital, por su parte, captaron US$ 77.8 mil millones en inversiones, reflejando la creciente necesidad de proteger datos y operaciones críticas. Incluso la tecnología cuántica, aún en fase experimental, atrajo US$ 2 mil millones, evidenciando un creciente interés en su potencial futuro. Se espera que el mercado global de ciberseguridad alcance los 345.4 mil millones de dólares para 2026, según Statista.
Finalmente, la ingeniería de vanguardia impulsa la demanda de chips especializados para IA, con inversiones de US$ 7.5 mil millones, y promueve la movilidad del futuro, con un crecimiento del 36% en las ventas de vehículos eléctricos en China. La bioingeniería avanza con terapias genéticas aprobadas, mientras la tecnología espacial, liderada por SpaceX, reduce costos de lanzamiento y expande la conectividad global con miles de satélites Starlink. La robótica avanzada, con robots colaborativos y humanoides, comienza a integrarse en industrias y hogares. La sostenibilidad energética, con inversiones de US$ 223.2 mil millones, apunta a un futuro más limpio, aunque la implementación de esta nueva tecnología requiere de grandes inversiones. Para el 2050, se estima que la energía solar podría suministrar el 25% de la electricidad mundial, según la Agencia Internacional de Energía.
El verdadero desafío, según el informe de McKinsey, reside en la implementación efectiva. Las organizaciones que logren integrar estas tecnologías de manera transversal y estratégica estarán mejor posicionadas para liderar en esta nueva revolución industrial, dejando atrás a quienes se limiten a pilotos aislados y no logren una transformación integral. La velocidad de adopción, por lo tanto, definirá el futuro del panorama empresarial.




