La inversión empresarial en IA crecerá en 2025 (67%), pero la planificación ética es minoritaria (menos del 20%)

La inteligencia artificial (IA) se consolida como un motor de transformación empresarial, impulsando una ola de inversiones sin precedentes. A pesar de la creciente adopción, la falta de estrategias éticas y transparentes plantea serias interrogantes sobre el futuro responsable de esta tecnología, especialmente en un contexto global donde la regulación de la IA está aún en desarrollo.

Según la investigación publicada por elcomercio.pe, las empresas a nivel mundial se preparan para un incremento sustancial en sus capacidades de IA, con un 67% de las organizaciones planeando aumentar su inversión en esta tecnología durante 2025. Este dato subraya la creciente confianza en el valor empresarial que la IA puede aportar.

En España, sectores como las finanzas, las telecomunicaciones y la energía ya han anunciado inversiones estratégicas en IA, mostrando un compromiso firme con la innovación. La Estrategia Nacional de IA de España, adoptada en mayo del año anterior, busca posicionar al país como un referente en la innovación responsable de la IA, promoviendo un marco ético y legal sólido para su desarrollo. Sin embargo, la velocidad de adopción de la IA plantea desafíos significativos en términos de regulación y gobernanza, lo que requiere una estrecha colaboración entre el sector público y privado para garantizar un despliegue ético y equitativo. La necesidad de una formación especializada en IA también se vuelve crucial para maximizar el potencial de esta tecnología y minimizar los riesgos asociados.

Myriam Blázquez, directora general de Experis, enfatiza que el papel de los líderes tecnológicos es “crítico”, ya que “de su visión y de su capacidad de lograr recursos e inversión depende en gran medida la capacidad de sus empresas para capitalizar la IA como palanca de competitividad”. No obstante, el estudio también revela que un considerable 60% de las organizaciones aún se encuentra en las etapas iniciales de exploración o implementación “parcial” de la IA, lo que indica que existe una brecha significativa entre la ambición y la realidad. La integración efectiva de la IA requiere una planificación estratégica cuidadosa, una infraestructura tecnológica adecuada y un talento humano capacitado para aprovechar al máximo sus beneficios.

Un aspecto preocupante que emerge del estudio es que solo una de cada cinco compañías (18%) asegura contar con un plan de despliegue avanzado de IA que considere la parcialidad, la transparencia y la gobernanza ética. Estas preocupaciones se replican a nivel global, incluyendo España, donde los debates sobre la IA ética, la regulación y su impacto en el mercado laboral “siguen marcando el discurso público y ralentizando la carrera hacia la implantación de estos avances”. Este retraso podría significar una pérdida de competitividad para las empresas españolas en un mercado cada vez más impulsado por la IA.

Las tecnologías emergentes, como los agentes de inteligencia artificial, que reducen la necesidad de intervención humana al tomar decisiones y ejecutar acciones, están ganando terreno. Si bien estas herramientas prometen aumentar la productividad y la eficiencia, también plantean interrogantes sobre la supervisión humana y el cumplimiento de las normas éticas. Es fundamental establecer mecanismos de control y transparencia para garantizar que estos agentes actúen de manera responsable y en línea con los valores de la sociedad.

Las opiniones sobre el impacto de la IA varían entre los líderes tecnológicos: el 37% la considera útil para aplicaciones específicas, mientras que el 36% la ve como un “cambio de juego” que está remodelando el negocio. Un 33% considera que el impacto más amplio de la IA “aún no está claro”, reflejando cierta cautela. A pesar de estas diferencias, existe un “claro impulso” hacia la adopción de la IA, impulsado por el reconocimiento de su creciente importancia en el panorama empresarial. El estudio Experis CIO 2025 concluye que el éxito en la implementación de la IA dependerá de una “integración responsable, normas éticas y un liderazgo claro”.