La injusticia en Huánuco

Resulta injusto e inhumano la demora que los sufridos maestros tienen que pasar durante años para lograr un derecho justo y se le reconozca el pago de sus beneficios.

Es injusto que los señores jueces y magistrados demoren tanto en los trámites de los expedientes, en muchos casos incluso un expediente puede dormir plácidamente sobre una ruma de legajos por varios años.

Es increíble que, desde hace 15, 20 o más años, los docentes sigan esperando lograr su jubilación y el pago por preparación y dictado de clases, o por haber desempeñado un cargo administrativo.

Parecería que los señores jueces dilataran estos procesos por gusto. Conocemos el caso de un exdocente con más de 30 años de servicios y 35 años de jubilado, que no puede cobrar la deuda social hasta la fecha. 

Conocemos incluso que algunos viejos maestros pasaron a la eternidad sin haber logrado cobrar los beneficios que les correspondían y ahora son sus hijos los que están peleando en los juzgados.

Esto es realmente indignante, por eso se dice que en Huánuco no hay justicia y que la justicia cuesta. Asimismo, que en primer lugar el pobre maestro no tiene dinero para estar pagando y que iría en contra de sus propios principios. 

Hablamos de los maestros honestos que se quemaron las pestañas para estudiar y enseñar bien a sus alumnos y no de los que compran tesis o plagian tesis. Esos no se deberían de llamar maestros.

Hoy los jueces son eminentes magistrados, pero no lo justifican en su actividad, da la impresión que poco o nada les interesa que los sufridos docentes estén tocando sus puertas saludando a los empleados sin ni siquiera tener respuesta de un saludo. Tristemente se puede apreciar gran soberbia en varios de estos trabajadores, desde los secretarios hasta en los señores jueces.

Tal vez sería bueno el señor Richard Ninaquispe, presidente de la Corte Superior de Justicia de Huánuco, hacer un taller de humanismo, empatía y educación con sus trabajadores. Somos testigos de este maltrato y somos víctimas de estas injusticias y no debería de suceder.

Haga usted algo en bien de los maestros, y curiosamente ayer seis de junio se celebró el Día del Maestro.

Acuérdese usted de los maestros que lo formaron y enseñaron las primeras letras, a leer, a escribir e incluso a litigar. Pero, penosamente, el ego les gana a muchos.

Hay una deuda con los maestros, pero más que económica es moral y esta debería de ser saldada por su institución, señor Ninaquispe. 

Sin embargo, no demuestran intención alguna por hacerlo, por el contrario, parecen enemigos de los maestros que solicitan el pago de la deuda social.