La reciente elección del cardenal Robert Prevost como Sumo Pontífice, adoptando el nombre de León XIV, ha generado un considerable debate en la comunidad religiosa y más allá, marcando un hito significativo para la Iglesia Católica. Su decisión de homenajear a León XIII no es baladí, sino que responde a una visión particular sobre los desafíos contemporáneos que enfrenta la humanidad, especialmente en el contexto de la inteligencia artificial.
Según la investigación publicada por El Comercio, la elección del nombre León XIV simboliza un reconocimiento de la magnitud de la transformación actual impulsada por la IA, comparable a la que vivió León XIII durante la Segunda Revolución Industrial. Este último, Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci, lideró la Iglesia durante 25 años (1878-1903), un período de profundos cambios sociales y económicos.
León XIII afrontó los desafíos derivados de la industrialización, incluyendo la migración masiva del campo a las ciudades, la emergencia de barrios obreros marginales y el aumento del trabajo infantil y femenino. Estos cambios provocaron una creciente desigualdad social y la aparición de movimientos obreros, requiriendo una respuesta de la Iglesia que, hasta entonces, se había mantenido relativamente al margen de estas problemáticas. El auge del socialismo y el anarquismo, además de los conflictos bélicos entre potencias, complejizaron aún más el panorama.
En respuesta a estas problemáticas, León XIII promulgó en 1891 la encíclica ‘Rerum Novarum’, un documento fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia, que abordó cuestiones como los salarios justos, el derecho a la sindicalización y la condena de la explotación laboral. Este gesto representó un cambio significativo en la postura de la Iglesia, que comenzó a involucrarse activamente en la defensa de los derechos de los trabajadores.
El nuevo papa, León XIV, ha expresado su compromiso con las reformas del Concilio Vaticano II y ha señalado la IA como un desafío crucial para la dignidad humana, la justicia y el trabajo. En una reciente reunión con los cardenales, destacó la necesidad de abordar las implicaciones éticas y sociales de esta tecnología emergente, al igual que su predecesor lo hizo con la cuestión social del siglo XIX. El pontífice además tomó la nacionalidad peruana en 2015, tras haber pasado más de dos décadas en el país sudamericano.
Expertos como Ana Claudia Reinoso, historiadora de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), consideran válida la comparación entre ambos contextos históricos, subrayando que las transformaciones impulsadas por la IA están generando inquietudes similares a las que provocó la Segunda Revolución Industrial. La Iglesia, según Reinoso, percibe la necesidad de actuar para salvaguardar la dignidad humana en este nuevo escenario.
Ricardo Falla, profesor de Filosofía y Teología de la UARM, añade que León XIV asume un legado de reflexión y doctrina sobre estos temas, anticipando un futuro cercano marcado por la singularidad tecnológica, donde los avances en IA, nanotecnología y genética podrían transformar fundamentalmente la existencia humana. A pesar de la disminución de la influencia política de la Iglesia, su autoridad moral sigue siendo relevante en el debate sobre las implicaciones de la IA en la sociedad. A inicios de 2025 el Vaticano publicó ‘Antiqua et nova’, texto que busca abordar la IA desde una perspectiva de “antigua y nueva sabiduría”, reconociendo los desafíos y oportunidades que presenta.




