La historia recuerda al expresidente Alejandro Toledo como el rey de la impuntualidad. Sus permanentes tardanzas a eventos oficiales y sociales causaron que se institucionalice la criolla frase “hora Cabana”, en referencia al pueblo, donde nació Toledo, en el departamento de Ancash.
Esta mala conducta, aparentemente institucionalizada en todo acto público y social, independiente de quien se trate, está haciendo que las actividades realizadas por las instituciones públicas de los diferentes departamentos no tengan la menor consideración por la hora pactada, citándose a eventos públicos con 30 o 60 minutos aproximados de anticipación y, demostrándose así, una clara falta de respeto a los asistentes.
Por otro lado, estas faltas de respeto no son solo por parte de los organizadores de eventos sino también de un gran número de asistentes y/o invitados como autoridades, quienes por su inasistencia o tardanza, no se pueden dar inicio a los eventos.
Esta impuntualidad hace que el puntual pierda tiempo acudiendo a la hora señalada, porque debe esperar mucho, el inicio del evento. Cambiemos estos malos hábitos. Tomemos como ejemplo la puntualidad de las iglesias, cuyos sacerdotes siempre la practican respetando la hora exacta. Hay que imitar lo bueno. En el Reino Unido, por ejemplo, impera la frase “El tiempo es oro” y todo acto comienza a la hora exacta.



