La infraestructura ferroviaria de alta velocidad en Estados Unidos enfrenta un futuro incierto, ya que la prometedora iniciativa para enlazar Los Ángeles y San Francisco pende de un hilo tras la supresión de una considerable subvención federal. Este proyecto, concebido como un motor de desarrollo económico para California, se ha topado con obstáculos financieros y políticos que amenazan su realización. La iniciativa, que buscaba reducir el tiempo de viaje entre las dos metrópolis a menos de tres horas, ahora lucha por mantenerse a flote.
Según la investigación publicada por Gestión.pe, la retirada de fondos federales por parte del gobierno estadounidense representa un serio revés para la aspiración de California de contar con la primera línea de tren de alta velocidad del país.
La propuesta original, que contemplaba una inversión de US$ 15,000 millones, se ha visto comprometida tras la decisión del expresidente Donald Trump de revocar una partida de 4.000 millones de dólares destinada al Tren de Alta Velocidad de California (CAHSR). Si bien las autoridades del CAHSR minimizan el impacto inmediato, señalando que la financiación principal proviene de fuentes estatales, la cancelación de fondos federales ha desatado una batalla legal y política. Ian Choudri, director ejecutivo de CAHSR, calificó la acción como “incorrecta e ilegal”, subrayando que el proyecto está avanzando con 275 kilómetros en construcción y diseño, la creación de 15,500 empleos y la finalización de más de 50 estructuras importantes.
El proyecto ferroviario, que se desarrolla desde hace una década, busca modernizar el sistema ferroviario estadounidense, el cual se encuentra rezagado en comparación con países como España. La conexión entre Madrid y Valencia, por ejemplo, cubre 303 kilómetros en menos de dos horas. California, el estado más poblado de EE.UU., carece de una conexión directa entre Los Ángeles y San Francisco, obligando a los viajeros a recurrir al automóvil (unas 7 horas) o al avión (una hora y media de vuelo).
La ruta más rápida que ofrece actualmente Estados Unidos es el Acela Express de Amtrak, que une Washington D.C. y Boston, alcanzando una velocidad de hasta 240 kilómetros por hora en un trayecto de alrededor de siete horas. No obstante, este servicio no se considera de alta velocidad debido a que comparte vías con otros ferrocarriles, limitando su potencial. En Europa y Asia, los trenes de alta velocidad operan en vías exclusivas, lo que permite alcanzar velocidades superiores a los 300 km/h y ofrecer tiempos de viaje significativamente más cortos. La planificación de la ruta entre Los Ángeles y San Francisco incluía la construcción de túneles a través de las montañas Tehachapi y Diablo, lo que planteaba desafíos de ingeniería considerables pero cruciales para reducir el tiempo de viaje.
La decisión de bloquear los fondos federales ha puesto de manifiesto las tensiones políticas entre el Gobierno de EE.UU. y California. El estado, liderado por el gobernador demócrata Gavin Newsom, ha reaccionado presentando una demanda contra la Administración, argumentando que la revocación tiene motivaciones políticas. Por su parte, el entonces presidente Trump acusó a Newsom de “despilfarro” de dinero federal y de incumplir promesas, declarando que el ferrocarril prometido “nunca existirá”. Los retrasos en la adquisición de terrenos y los cambios en el diseño original también han contribuido al aumento de los costos y a la prolongación del plazo de entrega del proyecto.




