La IA generativa como aliada del estilo MAGA

La reciente aparición del video “Trump Gaza” generado por Inteligencia Artificial ha desatado una ola de reacciones, caracterizadas por la incredulidad y la preocupación. Este material, que plantea la reubicación de la población de Gaza y la conversión del territorio en un complejo turístico, incluye imágenes surrealistas como bailarinas con barba y una estatua dorada del expresidente Trump, todo ello publicado sin comentario alguno en Truth Social. La controversia generada no solo radica en lo descabellado de la propuesta, sino también en su potencial para normalizar ideas extremas y deshumanizar a la población palestina. Este video emerge en un contexto global marcado por el aumento de la desinformación impulsada por la IA y la polarización política exacerbada por las redes sociales.

Según la investigación publicada por The New York Times Magazine, el video “Trump Gaza” no debe interpretarse como una propuesta seria, sino como una manifestación de la estética MAGA, donde la expresión política se convierte en un ejercicio de postura social y cultural.

La pieza audiovisual se acompaña de una canción tecno creada por IA, cuya letra alude a la liberación y la prosperidad que Trump traería a Gaza, contrastando con imágenes iniciales de destrucción y conflicto. A medida que avanza el video, el panorama cambia drásticamente: la desolación da paso a rascacielos modernos, playas paradisíacas y una vida de opulencia. Se observa un doble contraste que busca impactar en lo emocional, combinando imágenes de guerra con otras de opulencia y desarrollo.

Entre las imágenes más llamativas se encuentra un doble de Elon Musk disfrutando de hummus, bailarinas con barba y la propia figura de Trump interactuando en un casino y bebiendo cócteles con Netanyahu. La presencia de Teslas en las calles y la lluvia de dinero refuerzan la idea de una Gaza transformada en un paraíso capitalista. La estatua dorada de Trump preside una rotonda, simbolizando su influencia en este nuevo orden.

La estética del video es indudablemente artificial, resultado de un algoritmo que ha aprendido a replicar los clichés de la publicidad y la propaganda. Esta cualidad, lejos de ser un defecto, es precisamente lo que le confiere su poder perturbador: una representación distorsionada de la realidad que apela a los deseos y temores más primarios. En este sentido, el video se inserta en una tendencia creciente de uso de la IA para crear contenido político que prioriza el impacto emocional sobre la veracidad o la coherencia.

Además de la controversia política, este caso plantea serias interrogantes sobre la regulación de la IA y la responsabilidad de las plataformas en la difusión de contenido generado por algoritmos. La facilidad con la que se puede crear y diseminar información falsa o engañosa exige un debate urgente sobre los límites de la libertad de expresión y la necesidad de proteger a la sociedad de los efectos nocivos de la desinformación.