LA HERMANA QUE TENÍA DEMONIOS

Jacobo  Ramírez Mays

De tantos TikTok que veo, en uno de ellos observé cómo un pastor cura enfermos. Entonces busqué en la Biblia pasajes donde se hable de esos milagros y encontré en Marcos 18: 16 que a la letra dice: «Y pondrán las manos sobre los enfermos, y sanarán…» (sobre dónde pondrán las manos, ya es otro tema). Esto me recordó la historia de la hermana Judith quien era la más devota de la iglesia Manto de Gloria Celestial que funcionaba en un pueblito de Chinchao. Siempre andaba con falda larga, Biblia en mano y se asustaba cada vez que escuchaba el nombre del «enemigo».

El diablo me quiere tentar, pastor; decía cada semana con los ojos entrecerrados. Y el pastor Hermógenes Terrones, más conocido con el alias de «El Ungido del Calor», le decía: «Vamos a sacarte esos demonios, hija, pero hay que hacer una oración profunda».

Una noche de vigilia, mientras todos saltaban como si tuvieran piques en los pies, Judith comenzó a temblar. Los ojos se le pusieron blancos y su voz cambió de tono. ¡Siento que algo se me quiere salir! Y todos gritaban ¡A su nombre!, ¡Gloria!, ¡Aleluyaaaa! El pastor que tenía fama de curar imponiendo las manos corrió hacia ella, saco una botellita que tenía una marca que decía: Aceite la Unción que Lubrica. Se acercó en la hermana y gritó: ¡Fuera demonio! ¡Sal de ahí Satanás!, ¡Fuera espíritu impuro! Y todos ¡Gloria!, ¡Aleluyaaaa! La hermana, tirada en el suelo, convulsionaba y gritaba: ¡Siento algo subiéndome por la pierna, pastor!, ¡Sáquelo, por favor! El pastor, en nombre de Dios, puso la mano, no en la cabeza, ni en el corazón, sino que la puso donde solo el Espíritu y el ginecólogo deberían entrar con reverencia.

¡Soy el elegido por Dios, para llegar ahí!, gritó con voz de autoridad y sudando. ¡ALELUYAAAA!, gritaron todos los que estaban en la vigilia. Mientras la hermana Judith le decía al pastor que sentía al demonio por otras partes. Ya estaba en la espalda por lo hombros, después bajaba hasta donde terminaba en tronco, estaba en la nalga izquierda y saltaba a la derecha, subía a sus senos y el pastor lo perseguía con las manos, sudaba, se había desabotonado la camisa por tanto esfuerzo celestial que realizaba. En cada lugar donde posaba sus manos ungidas por el espíritu divino pedía a Satanás que se retirara. Todos ¡ALELUYAAAA!

Unos hermanos que veían cómo el pastor perseguía al demonio se pusieron a conversar. Creo que el pastor se está pasando de la mano, dijo uno. ¡No cuestiones al ungido!, respondió el otro mientras sus ojos brillaban cuando miraba cómo el pastor aplastaba del cuello al demonio justo en el pezón de los senos de la hermana. Entonces recordaron lo que dice Tesalonicenses: «Examínalo todo, retén lo bueno». Y ese día el pastor cumplió al pie de la letra ese versículo Bíblico.

La hermana Judith, ya medio desmayada, dijo: «Pastor, hay un último demonio, pero está en lo más profundo de mí». Hijita, el Espíritu me está dando autorización, dijo él, ajustándose el pantalón y gritando una cita bíblica que dice: Y Las señales seguirán a los que creen…Y sí hubo señales: gemidos, suspiros, movimientos pélvicos y gritos que no sé si eran de liberación o de gozo acumulado. Uno de los hermanos dijo en voz baja: «Ese demonio sí estaba bien profundo». Terminado la «sanación» la hermana se incorporó entre aplausos. ¡Estoy libre!, gritó. Siento mi cuerpo liviano, el pastor me ha sacado todo. El pastor, sudando gritó: ¡GLORIA A DIOS! ¡A SU NOMBRE!, todos ¡GLORIA!

Ese día la ceremonia terminó con estas palabras inspiradas por el espíritu que dijo el pastor: «El espíritu de Dios obra de manera misteriosa. A veces, con contacto directo». Desde ese día el pastor comenzó hacer oraciones de liberación íntima y su iglesia comenzó a crecer como espuma. La hermana Judith empezaba cada culto con su testimonio diciendo: «Antes el diablo me tenía agarrada y ahora me siento bien sobada. Perdón, bien sanada, libre». Y todos con Biblia en mano gritan La verdad os hará libres. Mientras que Hermógenes, el pastor ungido, selecciona quién tiene el demonio dentro.

Las Pampas, 10 de julio del 2025