Esta frase célebre fue usada años después en el comic de Spiderman por el Tío Ben antes de fallecer, y tenía como intención señalar los límites que tienen que respetar las personas que poseen un gran poder en el ejercicio del mismo.
En estos días en el Perú, esta frase está más presente que nunca, dado que el Poder Ejecutivo ha solicitado al Legislativo que se le confiera facultades para legislar, de tal manera que se pueda implementar una reforma tributaria. Dentro de esta reforma tributaria resalta el pedido de facultades para adecuarse a los estándares internacionales emitidos por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) sobre el combate contra la elusión tributaria.
Nadie puede negar que es importante que el ejecutivo incluya dentro del pedido de facultades un tema tan importante como es la lucha contra la elusión tributaria. Cabe recordar, en palabras sencillas que la elusión son todos los mecanismos utilizados por las empresas para evitar pagar impuestos sin salirse del marco legal, es decir con esas medidas se combatirá aquel viejo adagio de hecha la ley hecha la trampa.
Sin embargo, pese a la importancia de la lucha contra la elusión es importante reflexionar si el ente fiscalizador va a poder lograr encontrar el límite al gran poder que hoy día posee sin que en algunas oportunidades sobrepase el uso razonable. Vale recordar el caso del agricultor residente de Huancayo que por un error formal tuvo que pelear durante más de 10 años para lograr al final justicia. Si se hubiera reflexionado sobre el hecho de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, ese caso no hubiera durado tanto en el tiempo.
En este contexto, es importante que se establezca, en el ente fiscalizador de SUNAT, un cambio de mentalidad con respecto a la fiscalización y deje de lado el modelo formalista de realizar las fiscalizaciones tributarias basadas en la determinación de incumplimientos formales y se pase a un modelo sustancial de determinación de impuestos dejados de pagar. Este cambio, se vuelve cada vez más necesario cambiar de modelo, el gobierno actual parece haberse dado cuenta de ello, al querer evitar la elusión tributaria y haber la propia SUNAT establecido mecanismos de discrecionalidad tendientes a evitar sanciones netamente formales.
Pese a ello la gran preocupación hoy en día no es la norma que debe ser aprobada en el congreso porque ella es necesaria, la gran preocupación es la necesidad de un cambio de paradigma en las áreas de fiscalización del ente recaudador, que realice la determinación de la evasión y elusión, dejando de lado las formalidades.
Pero la preocupación aumenta cuando constatamos que existe un fuerte porcentaje de casos que la administración tributaria pierde en el Tribunal Fiscal, lo cual en los hechos implica que la administración no realizó un adecuado trabajo. Otra vez la vigencia de la frase de Franklin D. Roosevelt se hace presente, no se puede acotar sin respetar el límite de las normas legales.
En resumen, consideremos que el cambio propuesto para homologarnos a los procedimientos internacionales de la lucha contra la elusión es importante, pero a la par se debe establecer un contrapeso normativo (por ejemplo si la administración pierde el caso paga los costos legales del proceso) y contrapeso administrativo (que implica un cambio de paradigma en el propio ente fiscalizador).
(*) Asesor tributario, autor del libro de Manual de Fiscalización Tributaria, ex gerente de fiscalización de SUNAT



