Por Arlindo Luciano Guillermo

¿Sirve de algo estudiar y saber filosofía? ¿Qué beneficios tiene en la vida cotidiana, social, personal y profesional del ciudadano? ¿Sin filosofía se deteriora la vida y la sociedad? ¿Si practicáramos alguna corriente filosófica (por ejemplo, el estoicismo, el super yo de Nietzsche o el materialismo histórico) la vida y la sociedad alcanzarían elevados estándares de democracia, institucionalidad, libertad, tolerancia, convivencia, bienestar? ¿Cuál es la tendencia filosófica actual que orienta el pensamiento político y social? Yo llevé Filosofía y Lógica en el colegio bajo la conducción de un profesor que sabía más de cultivo de rábanos y de chascarrillos; en ese 1982, Perú jugaba el mundial de fútbol en España. Yo, personalmente, conseguí, con fortuna, Iniciación filosófica de Augusto Salazar Bondy. Se convirtió en mi libro de consulta, autoaprendizaje y reflexión. Me aislaba en los recreos para leer. En mi vida, los libros siempre llegaron generosamente o por arte de magia. Recuerdo que, mientras esperaba para depositar en el ánfora mis cartas para elegir a la canción más importante del año en Radio Huánuco, en una banca de la Plaza de Armas, encontré tres libros y una revista: el Quijote (edición popular), Matalaché, La serpiente de oro y Selecciones.
Hoy no se lee poesía ni literatura ni filosofía, menos a los clásicos Sócrates, Séneca, Epicuro, Epicteto, San Agustín. Vivimos sin literatura ni filosofía en medio del ultrapragmatismo, el consumismo delirante, la moral farisea que hace alarde de corrección y filantropía oportunista y las aspiraciones de una vida material como termómetro del éxito, el bienestar y la felicidad; es decir, sin habilidades comunicativas ni aprecio artístico ni pensamiento crítico ni vocación por el conocimiento científico. ¿Esto es grave, una anécdota o una clarinada de menoscabo social y lingüístico? Hoy existen menos lectores, pero más consumidores de redes sociales; hay más culto a las imágenes que respeto y aprecio por la palabra escrita. No leer poesía quita la oportunidad de disfrutar el lenguaje, la creatividad y la estética; no leer filosofía es mutilar el pensamiento crítico, el derecho legítimo a la disensión, la opinión con argumento, la habilidad verbal como los antiguos sofistas y el ejercicio consciente de la tolerancia. Si solo tuviéramos un Sócrates, un Maquiavelo, un Mandela, un Gandhi, una Madre Teresa de Calcuta, un Dalia Lama, un Augusto Salazar Bondy o un Marco Aurelio, seguramente la sociedad tendría más opciones para resolver los problemas que se han convertido en tumores oncológicos a punto de hacer metástasis; y cuando ocurra eso recién entenderemos que el diálogo, la tolerancia y la capacidad de ceder por nobles propósitos y escuchar activamente son instrumentos valiosos para hacernos entender, construir consensos y encontrar conjuntamente una salida democrática y plural.
El Perú atraviesa una crisis impredecible de gobernabilidad y caos político. La fricción entre el Poder Legislativo y Ejecutivo es brutal, sorda, pirómana y achorada. ¿Puede la filosofía (en tanto teoría y quehacer público) dar luces para resolver este problema? Opinan politólogos, periodistas, poetas, chamanes y vendedores de humo, pero no escuchamos a filósofos. ¿Por dónde andan los filósofos? Sócrates sin Facebook puede dar la salida, Aristóteles quizá agendar la pauta, Bertrand Russell argumentaría a favor de la libertad, Schopenhauer propondría cómo superar la crisis, Michael Foucault daría una lección de cómo ejercer el poder y el riesgo de abusar de él. La filosofía debe servir para algo público, no solo para la elucubración y divulgación del conocimiento, para la trascendencia en la vida, la historia y la sociedad. Es imprescindible enseñar filosofía, como matemática y arte, en la escuela, pero sus efectos no vemos o es que está secuestrada dentro de una urna o un ánfora o es una vela encendida debajo de la cama.
¿Qué lugar ocupan en la filosofía contemporánea Cristo, Buda, Dalai Lama, Séneca, Sartre, Camus, Hannah Arendt, Michel de Montaigne? El filósofo es un pensador lúcido y predictivo, un intelectual terrenal con un sistema de ideas y doctrinas que reflexiona sobre el acontecer diario, el decurso de la historia, el destino de los ciudadanos y el rumbo de la sociedad. Esa tarea de altísima responsabilidad la hemos dejado a los políticos, las redes sociales y la publicidad. A una sociedad autoritaria, carente de sabiduría y sinceridad, con obsesión por los bienes materiales y el consumo, no le conviene que haya lectores de poesía ni filósofos contestatarios. Así como el escritor explora el lenguaje y las posibilidades del significado verbal e iconográfico, el filósofo motiva la opinión pública para valorar la validez de los argumentos, las rutas del aprendizaje y así tomar mejores decisiones. El presidente Castillo fue elegido en las urnas con votos emocionales y en contra del candidato opositor. Un profesor de literatura enseña a leer poesía y descubrir los misterios de la creación literaria; el profesor de filosofía incentiva a pensar, reflexionar responsablemente y usar el conocimiento para resolver problemas diarios, personales y colectivos. No hay otra salida; lo demás es demagogia, una lisonja al “enfoque cognitivo”, una insolente estafa. Samuel Cárdich y Mario Malpartida fueron estudiantes de la Unheval; hoy son escritores de renombre cuyo prestigio y calidad literaria traspasaron las fronteras locales. ¿Qué filósofo relevante, con libros significativos, como los de David Sobrevilla, es vigente, docente o egresado de las aulas valdizanas? La política sin ética ni filosofía es venalidad y alienación moral. ¿Les interesa a los estudiantes de secundaria leer y pensar en filosofía? ¿Están interesados en debatir filosofía? Mientras estén ausentes la poesía y la filosofía, la vida está incompleta, sin creatividad, sin emoción, sin sobresaltos de la sensibilidad ni socialización de opiniones y apreciaciones.
Se lee menos, se piensa críticamente menos. Cada día crece, sin que nadie haga algo, impunemente, la anomia social, el nihilismo y la ética siniestra; la felicidad es una impostura y exhibición en Instagram. La sociedad tendrá equilibrio cuando la razón y el desprendimiento imperen sobre la estupidez y la intolerancia, cuando gobierne la comunicación asertiva y empática, cuando las voluntades se junten en nombre de los intereses públicos, La moral es subastada por la corrupción y la viveza. Nadie va a cambiar a nadie, pero el cambio propio puede repercutir en el cambio de la sociedad. Si lees entonces otros podrían leer por imitación, no por obligación. ¿Cuál es la función de la filosofía y los filósofos en las crisis políticas de los pueblos, incluso en situaciones de guerra como en Rusia y Ucrania? Mientras espero que aparezcan lectores de poesía y filósofos, hago míos los versos de la canción Mi gran noche de Rafael: “Será, será esta noche ideal / que ya nunca se olvida / podré reír y soñar y bailar / disfrutando la vida. / Olvidaré la tristeza y el mal / y las penas del mundo / y escucharé los violines cantar / en la noche sin rumbo”.




