Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
El contexto geográfico en que se hallan ubicadas las instituciones educativas del ámbito rural es, como se sabe, sumamente complicado. Lo que se ve agravado, entre otras cosas, debido a que los lugares en que estas se encuentran carecen de muchas de las instituciones existentes en las capitales de provincia. Circunstancia que imposibilita, por ejemplo, que la comunidad educativa tenga la posibilidad de contar con aliados estratégicos que puedan contribuir en la implementación de acciones en favor del desarrollo del dichas II. EE. Cabe resaltar, asimismo, que la principal actividad económica con que cuentan sus pobladores suele ser la agricultura, por lo que gran parte de la población estudiantil de estos lares son, en consecuencia, hijos de trabajadores del campo. De ahí que a menudo alternen su participación en clases con la realización de labores propias de la agricultura. Por lo que no es raro que muchos estudiantes se dediquen a ayudar a sus padres en las tareas del campo, lo que no permite que puedan realizar sus labores académicas en la mejor de las condiciones.
Así, y dadas las circunstancias en que actualmente se viene brindando el servicio educativo en la educación básica regular, para nadie es un secreto que el surgimiento de la denominada educación remota ha contribuido a acrecentar todavía más las ya de por sí grandes brechas que han separado desde siempre a quienes estudian en los núcleos urbanos y los que lo hacen en el ámbito de la ruralidad. Pues es bien sabido que, fuera de las grandes ciudades, se tienen serias limitaciones con el servicio de Internet. Ya que, dependiendo del nivel de ruralidad que posea la I. E. (el Minedu establece la siguiente clasificación: Rural 1, Rural 2 y Rural 3), se tendrá, a su vez, que la calidad del mencionado servicio irá decayendo (hasta incluso desaparecer), según sea mayor el nivel de ruralidad. Situación, esta, que ha derivado en que un número todavía no establecido de niños y adolescentes termine por abandonar sus estudios, como consecuencia de que no le ha sido posible, por las razones ya expuestas, acceder a la educación remota, vale decir, participar de la estrategia Aprendo en Casa, modalidad de educación a distancia implementada por el ministerio de Educación durante la pandemia.
Si ya de por sí el panorama que se le presenta a la educación peruana es bastante sombrío en lo que concierne a las oportunidades que se les ofrece a los estudiantes del ámbito rural, otro tanto ocurre con los docentes encargados de brindarles las orientaciones pedagógicas que los lleven a la obtención de logros de aprendizaje. Pues si bien estos no tienen necesariamente las mismas limitaciones con la conectividad que sí poseen aquellos, por lo menos no en la misma preocupante medida, lo cierto es que también se enfrentan a una serie de factores limitantes que, dependiendo en este caso de cuestiones básicamente relacionadas con aspectos etarios, acaban por colocarles vallas en muchos sentidos infranqueables para la realización de su práctica pedagógica. Dichas limitaciones tienen que ver, como se podrá deducir, con el manejo de recursos y herramientas propios de las tecnologías de la información y la comunicación. Ámbito en el que, debido a su escasa, o incluso nula, alfabetización digital, la misma que es característica de un alto porcentaje de los docentes que desempeñan sus labores en los lugares más alejado del país, es poco lo que estos pueden hacer para que el servicio educativo que brindan sea efectivamente un servicio de calidad, un servicio que marche acorde, por decir algo, con los requerimientos que nos presentan los nuevos escenarios educativos en que, con pandemia o sin ella, habremos de movernos de ahora en adelante.
Conscientes de que existen cosas sobre las que nuestra capacidad de acción es más bien limitada, por no decir nula, como sucede en el caso de la mejora de la conectividad, que en esencia es de competencia del Estado, podemos, no obstante, plantear acciones destinadas a paliar, cuando menos en la medida de lo posible, ese otro aspecto arriba señalado que también tiene mucho que ver, sobre todo en el contexto que hoy vivimos, para la realización de una adecuada labor docente: la alfabetización digital de los maestros. Que es, naturalmente, hacia donde deberíamos apuntar. Hacia la proposición de acciones destinadas a mejorar las competencias digitales de los docentes en general, pero sobre todo de los del ámbito rural; por ser estos, como se dijo, quienes más lo necesitan. Ya que por tratarse en un gran número de personas cuyas edades fluctúan alrededor de los sesenta años, carecen de una formación digital solvente que les permita realizar su labor pedagógica en el contexto de educación remota en el que actualmente nos encontramos.
Razón más que suficiente para buscar la implementación de espacios de alfabetización digital que apunten a mejorar las competencias docentes, en función de aspectos como la gestión de la información de los entornos virtuales, la creación de objetos virtuales en diversos formatos, la personalización de los entornos virtuales y la interacción en los entornos virtuales. Pero no ya como se viene haciendo hasta ahora, esto es, a través básicamente de cursos asincrónicos, que por muy buenos que puedan ser, y que de hecho son, no pasan en la gran mayoría de los casos de brindar solo lineamientos teóricos, sin llevar a la práctica efectiva eso que casi siempre comienza y termina en el ámbito de la teoría. Solo entonces podremos hablar de un verdadero cambio en cuanto al punto de que se trata. Ni más ni menos que un punto y aparte.




