LA EDUCACIÓN ACTUAL: ¿RECHAZO DEL CONOCIMIENTO?

Escrito por: Ronald David Mondragón Linares

Un video realmente perturbador en especial para quienes ejercemos la labor pedagógica se hizo viral en las redes sociales, hace unos pocos días. Un profesor, cuya identidad se desconoce, mostró abiertamente su indignación frente a la indiferencia y cuando menos a la pobre disposición a aprender de parte de sus alumnos. “Nadie de ustedes estudia, estoy harto. El problema es de ustedes…Pobre país, va a confiar la gente en ustedes con sus problemas. Si no estudian, es problema de ustedes, no del docente”, dijo en forma airada el profesor.

En la misma línea de ideas, el periodista uruguayo Leonardo Haberkorn renunció a seguir dando clases en una universidad de Montevideo a través de una sentida y conmovedora carta pública, que acaba de difundirse por Facebook y ha sacudido un poco de su letargo el mundo de la educación.

“Me cansé de pelear contra los celulares-dice Haberkorn-. Me rindo. Tiro la toalla. Lamento que los jóvenes no puedan dejar el celular, ni aún en clase…muchos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es”. Además, el periodista nos ofrece algunas luces sobre el paupérrimo nivel de información de estudiantes matriculados precisamente en la carrera de Periodismo:

“En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con la noticia de que todavía se venden diarios y revistas en las calles”. En otro lugar, nos cuenta: “Les pregunté quién es Almagro. Silencio. Desde el fondo del salón, una chica balbuceó: “¿No era el canciller?” ¿Qué partido es más liberal, o está más a la izquierda en EE.UU, los demócratas o los republicanos? Silencio. ¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí! ¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno”.

Para redondear el contexto del presente artículo, ayer apareció la siguiente noticia: “Los “nativos digitales” son los primeros niños con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres”(diario Gestión del 29.10.2020). En ella, el neurocientífico francés Michel Desmurget manifestó que los jóvenes del nuevo siglo constituyen la primera generación de la historia con un coeficiente intelectual más bajo que la anterior, rompiendo así por primera vez el “efecto Flynn”(es decir, la tendencia que indicaba que dicho coeficiente aumentaba en cada generación).

Vivimos una época oscura para el saber. Lo advirtió hace más de 20 años Giovanni Sartori. El desarrollo de la tecnología y la digitalización, según el célebre intelectual italiano, avanza en sentido inverso de las facultades del pensamiento y la inteligencia propias del ser humano. En otras palabras, mientras la tecnología y los automatismos de la informática avanzan a una velocidad inusitada, las habilidades del pensar y del razonamiento, así como las relacionadas a las experiencias creativas, retroceden al parecer en forma irremediable. Porque lo uno tiene su fuente y su caldo de cultivo en lo otro; así, tanto la inmediatez de los productos informativos terminados, como su estandarización o su formato en serie para el consumo masivo, empobrecen día a día el empleo de las herramientas intelectuales inherentes a la capacidad del ser humano. Todo está listo y al alcance de la mano en la nube virtual; obnubilados en esta niebla donde servidores y servidos actúan como entes, robots y zombies de una grotesca y fantasmal película, los jóvenes de hoy se acercan sin remordimientos a un abismo: el abismo de la ignorancia, la vaciedad y la decadencia espiritual.

Para Sartori, el peligro latente es empezar a desandar el largo camino que padeció el ser humano en el proceso de hominización: la lenta pero inexorable involución o la vuelta del homo sapiens a la ruta de sus ancestros. La otrora todopoderosa “razón humana” cede el paso al reinado de lo inmediato, lo predeterminado y lo absolutamente indistinto: los ordenadores informáticos, las App de los teléfonos inteligentes y la bonanza de las redes sociales.  No es en modo alguno sorprendente que, hace algún tiempo, una personalidad de letras de la talla de Vargas Llosa, habiéndose asomado a ese reino del chat y del Facebook, haya escapado despavorido al darse cuenta del empleo, sobre todo entre los más jóvenes, de un protolenguaje más cercano en realidad a la “comunicación entre chimpancés”, como afirmó en aquella oportunidad el Nobel peruano.

Volviendo a las realidades cotidianas que dieron pie al presente artículo, más allá de las anécdotas pasajeras de la actual educación virtual, ambos casos reflejan este hecho indudable: la reticencia del alumno y, más aún, la animadversión al saber, al conocimiento. Lo cual tiene una explicación en el contexto descrito antes y que corresponde a la época actual y que, como tal, traspone largamente la situación del docente y del alumno, vistos solo como elementos en su individualidad y solo desde una óptica estrictamente pedagógica.

Por todo ello, conviene el abordaje del problema de la educación desde una visión integral, que integre la problemática de la sociedad y en su movimiento real e histórico. Que integre las bases de la sociedad, que en el caso peruano aún están por construir o reconstruir, como el sistema de salud, de medios de comunicación social o de la institucionalidad democrática. Y que el maestro, con todos estos insumos, asuma la didáctica como un quehacer de la creatividad en permanente ejercicio y sea capaz de adaptarse a los cambios sin perder de vista la ruta y los objetivos.

Sin un abordaje así, finalmente, muchos profesores seguirán colapsando en la impotencia o estrellando su saber en el muro salvaje del irrespeto y la indiferencia, y muchos alumnos seguirán sin saber que Almagro es el inefable personaje funambulesco de la OEA, y seguirán escuchando hablar de Vargas Llosa sin haber leído siquiera uno solo de sus libros.