La economía de Estados Unidos ante una transformación arrolladora

La **globalización**, que durante décadas impulsó el crecimiento económico mundial, se enfrenta a una nueva prueba de fuego. Tras los problemas en la cadena de suministro experimentados durante la pandemia de COVID-19, una nueva amenaza se cierne sobre el comercio internacional: los aranceles impuestos por el expresidente Trump, que amenazan con paralizar el flujo de mercancías entre China y Estados Unidos y, en última instancia, afectar la economía estadounidense.

Según la investigación publicada por The New York Times, la decisión de Trump de elevar los aranceles sobre las importaciones chinas hasta un mínimo del 145 por ciento ha provocado una drástica desaceleración del comercio entre ambos países. Este incremento arancelario, que supera con creces las tarifas impuestas durante su anterior mandato, ha puesto en jaque a las empresas estadounidenses que dependen de los suministros chinos.

Aunque los aranceles más altos llevan en vigor desde principios de abril, el impacto real en los consumidores y en la disponibilidad de productos aún no se ha manifestado plenamente. Esto se debe, en gran medida, a los tiempos de tránsito marítimo. El transporte de mercancías desde China a Estados Unidos por vía marítima puede tardar entre 20 y 40 días, a lo que hay que sumar el tiempo necesario para la distribución interna, que oscila entre uno y diez días adicionales.

Sin embargo, algunas empresas ya han empezado a trasladar el aumento de costes a los precios finales, y los expertos advierten de que los efectos se harán más evidentes en las próximas semanas. La reducción en el número de pedidos a las fábricas chinas está generando un efecto dominó que se extenderá por todo el mundo hasta llegar a los Estados Unidos, impactando negativamente en la rentabilidad de las empresas importadoras.

Un dato alarmante es la caída del 30% en el número de buques portacontenedores que partieron de China hacia Estados Unidos en abril. Esta disminución, sumada a las tarifas punitivas, amenaza con crear escasez de productos en los estantes de las tiendas y provocar despidos en los sectores minorista y logístico. Recordemos que, antes de la pandemia, el comercio entre ambos países superaba los 650.000 millones de dólares anuales.

Las consecuencias más graves para la economía estadounidense podrían empezar a notarse en el verano de 2025. Torsten Slok, economista de Apollo Global Management, anticipa que Estados Unidos podría entrar en recesión si el cierre del comercio con China persiste. El impacto de las políticas proteccionistas no es inmediato, pero a mediano plazo puede tener efectos devastadores en el mercado laboral y el poder adquisitivo de los ciudadanos.