El crecimiento económico de Perú para 2025 enfrenta una revisión a la baja, situándose ahora en un 3,5% según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Esta corrección, reflejada en el Informe de Proyecciones Macroeconómicas (IAMP), contrasta con el optimismo inicial del titular de la cartera, José Salardi, quien había proyectado un 4%. Este ajuste pone de manifiesto la influencia de factores externos e internos que pesan sobre la economía nacional, en un contexto global marcado por la incertidumbre. Recordemos que, en los últimos cinco años, el crecimiento promedio de la economía peruana ha sido de alrededor del 2.5%, impactado por la pandemia y otros factores exógenos. Además, el presupuesto público para el año fiscal 2024 asciende a más de 214 mil millones de soles, lo que subraya la importancia de proyecciones económicas precisas. Otro dato relevante es que el Perú depende en gran medida de la exportación de materias primas, principalmente minerales, representando más del 60% de sus exportaciones totales.
Según la investigación publicada por El Comercio, el MEF ha justificado esta revisión a través del Informe de Proyecciones Macroeconómicas (IAMP) publicado el último miércoles.
La proyección conservadora del MEF se atribuye, en gran medida, a las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, que generan volatilidad en los mercados internacionales. El IAMP destaca que los riesgos internos más significativos están ligados a una posible demora en la flexibilización de los costos de financiamiento, especialmente ante la amenaza de una mayor inflación global derivada de los aranceles. Adicionalmente, la incertidumbre política asociada a las elecciones peruanas de 2026 y el aumento de la delincuencia podrían impactar negativamente las decisiones de inversión y consumo.
A pesar de este panorama desafiante, el MEF vislumbra aspectos positivos a nivel interno. Se espera que el fortalecimiento de la demanda interna y el aumento de las exportaciones, impulsadas por una mejora en la oferta primaria y mejores precios de materias primas, contribuyan al crecimiento económico. Particularmente, se anticipa una mejora en los términos de intercambio, impulsada por un incremento en los precios de exportación de cobre, oro y zinc, y una disminución en los precios de importación, especialmente en petróleo y alimentos.
El ex ministro de Economía y Finanzas, Luis Miguel Castilla, considera que la coyuntura externa ha servido como catalizador para un ajuste realista de las proyecciones de crecimiento, lo que considera un paso en la dirección correcta. Castilla señala que esta corrección permite “guardar cara” ante el optimismo inicial del ministro Salardi, quien probablemente no dimensionó el impacto de la guerra comercial al momento de realizar su proyección inicial. No obstante, Castilla advierte sobre la persistencia de la incertidumbre, enfatizando que el crecimiento peruano seguirá dependiendo de la evolución de la economía china y las decisiones del presidente Donald Trump.
Víctor Fuentes, gerente de Políticas Públicas del Instituto Peruano de Economía (IPE), también apoya el sinceramiento de las proyecciones macroeconómicas. Fuentes argumenta que proyecciones demasiado optimistas pueden conducir a presupuestos inflados y, en consecuencia, a un mayor déficit fiscal. El IPE planea actualizar sus propias previsiones a principios de junio, manteniendo una proyección de crecimiento para 2025 en torno al 3,1%, lo que ya representa un ajuste desde el 3% proyectado a finales de 2024.
El IAMP proyecta un aumento en los precios de las materias primas, especialmente metales industriales y preciosos, debido a la creciente demanda impulsada por la transición energética y un entorno geopolítico incierto. Se espera que el cobre alcance un precio promedio de 425 centavos de dólar por libra en 2025, impulsado por la transición hacia una economía verde en China, proyectos de energías renovables en la Unión Europea y el auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos. El oro, por su parte, alcanzaría los 2550 dólares por onza troy, debido a su demanda como activo refugio en un contexto de incertidumbre económica global.
En cuanto a los indicadores de crecimiento, se proyecta un gasto público del 2,3% en términos reales para 2025. El MEF destaca el impulso continuo de la inversión pública, que se expandirá un 4,5% en términos reales, mientras que el consumo público crecerá un 1,5%. Se espera que la inversión privada avance un 4% al cierre del año, impulsada por la aceleración de la inversión minera y el inicio de nuevos proyectos. El consumo privado, por su parte, crecería un 3,1%, impulsado por la mejora del mercado laboral, el aumento de los ingresos familiares, la menor inflación y las condiciones financieras favorables. Sin embargo, la estimación del MEF sobre la reducción del déficit fiscal al 2,2% del PBI ha sido cuestionada por Castilla y Fuentes, quienes expresan dudas sobre la capacidad del gobierno para contener el gasto en un año preelectoral y ante la alta demanda de proyectos de Alianza Público Privada (APP).




