La corrupción: Un cáncer que devora la infraestructura pública

La corrupción es un flagelo que se ha convertido en una realidad permanente en la mayoría de las obras ejecutadas por las instituciones públicas y de los tres niveles de gobierno, llámese gobierno nacional, regional y locales y provinciales. Estas obras, plagadas de deficiencias, comienzan a deteriorarse rápidamente debido al uso de materiales no solo de baja calidad, sino tambien porque en vez de usar 10 bolsas de cemento para una columna, por dar un ejemplo, terminan usando solo 2 o 3 y resto “pal bolsillo”. Además obviamente, de la falta de supervisión efectiva. 

El caso del hospital de Tingo María es un ejemplo impactante de esta problemática. Iniciado por exgobernador regional y actual el congresista Luis Picón. Su gestión tuvo y tiene serias denuncias de irregularidades, y a pesar de la existencia de pruebas concretas, simplemente se terminan archivando los casos, o recibe sentencias “benévolas”, para disimular el actuar de la justicia, para posteriormente ganar en la apelación. 

El hospital sigue sin poder ser utilizado convenientemente debido a la mala calidad de los materiales y la falta de supervisión adecuada. La última lluvia fuerte que cayó en la ciudad de Tingo María demostró la fragilidad de la estructura, con el techo colapsado y el agua filtrándose, dañando la maquinaria, documentos y muebles.

Otro ejemplo que causa indignación es el estadio de Choras, en Panao, donde las tribunas están cayendo y los muros perimetrales se destruyen en menos de dos años. Esto es consecuencia directa de la corrupción, que permite que las empresas paguen sobornos a las autoridades para obtener contratos y luego descuiden la calidad de las obras. Los supervisores, en lugar de velar por la calidad de las construcciones, se hacen los ciegos y los sordos, permitiendo que se paguen obras defectuosas y se perjudique a la población.

La corrupción que origina malas obras tiene un impacto directo en la región. Si se trata de hospitales, se perjudican a los pacientes; si se trata de colegios, se perjudican a los alumnos; y si se trata de estadios, se perjudica a toda la población que desea practicar actividades deportivas. 

Es hora de tomar medidas drásticas para erradicar la corrupción y exigir responsabilidad a los supervisores y autoridades involucradas. Debemos implementar un sistema de supervisión más estricto y transparente, con sanciones severas para aquellos que permitan la corrupción y la mala calidad en las obras públicas. Solo así podremos construir infraestructuras que beneficien a la población y no sean un lastre para la región. ¿Cuántas más obras defectuosas debemos tolerar antes de actuar?