LA VOZ DE LA MUJER
Denesy Palacios Jimenez
26.03.24
Escuchar o ver noticias de lo último que sucede en el Perú, no nos da ninguna esperanza de que las cosas están mejorando al contrario cada día es peor la situación, reventó la noticia de los Rolex de Dina, y por supuesto es un gran pretexto, para tenernos distraídos, mientras tanto el Congreso sigue haciendo de las suyas como es el caso de la Ley que atenta contra la forestación y nuestra Amazonía, de igual forma observamos cómo crece la impunidad no solo de este grupo que ha tomado el poder del gobierno en el Perú, sino que vemos como una organización criminal integrada por 20 policías y narcos avezados del VRAEM queda libre gracias a las omisiones de un fiscal, según la información que nos proporciona Bruno Amoretti, los asesinatos a nuestros ciudadanos que se resisten a la extorsión y asaltos son otra cosa del pan de nuestro día; julio Rospligliossi nos dice: El lobby de la minería ilegal vuelve a triunfar en el parlamento de los coimeros y mocha sueldos. Una nueva ley con nombre propio y aceites naturales.
El caso de la calidad de las universidades y del órgano de fiscalización ahora también está en manos del Congreso, se habla de una autonomía universitaria como si no la tuviéramos, es decir en lugar de ver avances lo que vemos son estancamientos o mejor dicho retrocesos, un ejemplo palpable es como cambian de denominación la universidad Alas por Politécnica del Perú, y, lógico tenemos la clase política más inculta del planeta, que solo están pensando en enriquecerse a toda costa, y por eso su afán de perpetuarse, a través de la bicameralidad, es decir se habla de cualquier cosa, pero nadie informa como suben los precios de los alimentos y artículos de primera necesidad.
Por años escuchamos cuando haba cambios de gobierno, que esta vez sería diferente y que el país había despegado: crecimiento económico continuo, ingresos crecientes, crédito barato, baja inflación. En suma, un escenario favorable, celebrado con declaraciones triunfalistas de quienes se encargaban de las políticas públicas. El éxito del “modelo” ocupó titulares, y Perú fue señalado como un ejemplo de crecimiento y prosperidad para la región. Cuando hay algún crecimiento no es para beneficiar al pueblo, sino para las repartijas entre los “padres y madres de la patria”, que con una voracidad increíble disponen del presupuesto de la Nación como si solo ellos existieran, y con una rapacidad increíble en contubernio con las fuerzas armadas, hacen y deshacen de nuestra constitución, de nuestros recursos y de nuestro presupuesto.
Pero el escenario ha cambiado y el auge ha llegado a su fin. Las condiciones excepcionalmente favorables, con precios elevados para nuestras exportaciones, bajas tasas de interés, dólar barato y flujos abundantes de inversiones extranjeras, han quedado en el pasado. Se habla de una “nueva normalidad”, con crecimiento reducido, menor demanda por nuestras materias primas y menores recursos fiscales. El modelo económico basado en la exportación de materias primas ha mostrado sus limitaciones. Se prevé que durante el resto de la presente década los precios del oro, cobre y demás exportaciones mineras permanecerán en niveles modestos. Así, los próximos años estarán caracterizados por la incertidumbre económica y el ajuste fiscal, conforme lo señala la agenda contra la desigualdad; de la misma forma podemos decir La década pasada fue de fuerte dinamismo económico, pero de alguna manera también fue otra “década perdida”. Crecimos mucho, pero no nos desarrollamos debidamente. Se incrementó la riqueza, pero no para todas las personas. La economía se expandió, pero no se transformó. Hubo prosperidad, pero no se avanzó en las reformas necesarias. Pese a algunos avances, como la reducción de la incidencia de la pobreza monetaria a la mitad entre 2004 y 2014, persisten brechas y barreras de desigualdad que afectan a millones de peruanas y peruanos, lo que bloquea su progreso. Hoy es reconocido, incluso por organismos como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que no solo importa crecer sino también cómo se crece y que el crecimiento por sí solo no basta para resolver el problema de la desigualdad. Para el Perú, la reducción de la desigualdad, particularmente en el acceso a oportunidades, resulta imprescindible si no queremos estancarnos y lograr un crecimiento y desarrollo sostenible, como ha señalado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entidad que asocia a las economías más desarrolladas del mundo, y a la cual el Perú aspira pertenecer. Por ello, la lucha contra la desigualdad extrema implica resolver una agenda compleja, que demanda esfuerzos y recursos, pero principalmente voluntad política. Y eso no lo vamos a ver nunca con esta clase política podrida y que nos pone en el abismo de la inseguridad ciudadana y corrupción creciente entre los funcionarios de los Ministerios y sectores y de esta cabeza legislativa. Miremos nomas cuantas obras de saneamiento y comunicación, así como de salud y educación están paralizadas, o mejor dicho con candado, porque los alcaldes y gobernadores regionales no sueltan la coima respectiva, a estos malos funcionarios que se han entornillado en el poder solo para lucrarse, ni hacen el mínimo esfuerzo por brindar un servicio de calidad.




