La construcción de la cultura informal

Por: Franz Albert Emanuel Dionicio Veramendi

El crecimiento de la informalidad hoy en día es en porcentajes considerablemente altos y preocupantes en el país. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2018) informó que en el Perú existen 2 332 218 empresas, de las cuales más del 95 % está en el régimen MYPE. Además, el INEI informó que en el Perú unas 239 mil personas obtuvieron un empleo informal entre abril de 2018 y marzo de 2019. Esto demuestra que la informalidad, ejerce un impacto significativo para aquellas personas que desempeñan labores en las empresas de menor tamaño en el Perú. Por último, el Índice de Competitividad Regional (Incore, 2019) señaló que Huánuco es una de las regiones con los porcentajes más altos de empleo informal, de 87.3 % y ubicándose en el puesto 21 de las 25 regiones evaluadas. Esto lleva a replantear las acciones a realizar dentro de la agenda pública para auxiliar a una región que tiene lo necesario para salir adelante.

La informalidad es un fenómeno cuyos alcances y efectos competen a muchas áreas; sin embargo, las perspectivas y enfoques que han tratado de analizar dicho fenómeno se encuentran en su gran mayoría centrados en lo económico y político. A la fecha, el Estado se ha orientado a brindar incentivos tributarios y laborales, prueba de ello se ve reflejado en los incentivos para formalizar a las Mypes, que van desde los seguros de salud, acceso a vivienda u otros bienes o servicios de calidad, además de capacitaciones para hacer conocer a las personas que operan en la informalidad los beneficios que trae el acceso al sistema formal. El exdirector del Centro de Investigaciones Sociológicas, Económicas, Políticas y Antropológicas (Cisepa), Mario Delfín Tello, menciona que: “Cualquier medida que haga el Gobierno parte de un diagnóstico previo sobre lo que piensan que genera la informalidad. La idea que tiene el Gobierno de que la informalidad se genera por sobrecostos es errada”.

Ahora bien, la interrogante del por qué el estado no comprende el fenómeno de la informalidad se debe a que, en principio, no existe un entendimiento del sujeto que opera en la informalidad; es decir, para que el estado entienda a la informalidad, primero debe entender al informal, por ende, primero debe entender el contexto social, histórico y cultural que hay alrededor de este.

Uno de los antecedentes más importantes a la hora de evaluar la informalidad en el Perú es la migración interna acaecida a partir de los efectos causados por la guerra fría, ya que la población altoandina empezó a verse afectada de forma política, económica, social y cultural; es por ello que muchos de los pobladores tuvieron que migrar a lugares en los que podrían estar más seguros ante esta gran debacle. Este antecedente marcó un antes y un después en la configuración del país, ya que las personas de las zonas rurales empezaron a migrar a las zonas urbanas. Lo cual significó una modificación radical en los lugares de destino, ya que las razones para migrar de las personas fue por la incertidumbre social sobre el futuro económico del país, por las aspiraciones que ellos tenían y sobre todo por la búsqueda de un “futuro mejor”; ideas fortalecidas por lo atrayente que solían verse las capitales urbanas y lo que en estas se producían.    

Estas movilizaciones generaron cambios significativos, pero uno de los más importantes para entender la informalidad es el cambio sociocultural que se produjo. En aquel contexto, los cambios socioculturales fueron aquellas alteraciones en las conductas, comportamientos y valores de las personas que migraron, como también, de las personas con las que interactuaron posteriormente. Esto generó una abrupta modificación en la coyuntura, ya que los valores y principios de tradicionalismo, cooperativismo y unión que caracterizaban a las personas provenientes de los Andes, se vieron afectados por el choque sufrido con los valores de progreso individualista, conservadurismo y desigualdad de quienes se encontraban en las capitales; transgrediendo una cultura se generó un sistema nuevo, un sistema (socioculturalmente hablando) informal.

El choque cultural que se dio en aquel entonces fue la chispa que generó una trasgresión de los valores cooperativos optando por otros caracterizados por la desigualdad e individualismo, los cuales actualmente representan al informal, esto no quiere decir que los informales no tengan valores, sino que se ha forjado una cultura mayor alrededor de ellos, que los condiciona indirectamente para que estos opten por la vía de lo informal. Dicha cultura de lo informal resulta ser poco evaluada por el estado, ya que, a falta de entender el problema, anticipa soluciones a raíz de percepciones superficiales, lo cual se ve reflejado en los números que año tras año aumentan en el sector informal. Es por ello que, para entender a la informalidad, se debe entender en principio al informal y todo el contexto sociocultural alrededor del mismo, que dicho sea de paso no es nada pequeño. Esto es tan sólo un breve esbozo de una de las perspectivas poco consideradas a la hora de evaluar un fenómeno particularmente complejo que se manifiesta en nuestra sociedad y que, a su vez, ofrecerá ciertas alternativas a raíz de entender a la persona como el eje fundamental.