“De una flor de cantuta salieron la chola de trenzas largas, el indio con manos de cemento, sus perros callejeros se lamían la sarna, la chola les tiraba chuño fresco, el indio les fundió una casa de barro…” (Chola Poblete).
Israel Tolentino
Llegué a Buenos Aíres, la segunda vez en bus, por un viaje de amor. De Santiago a Buenos Aires, cruzando los Andes, recordando el paso realizado por el general San Martín. La ciudad de Mendoza disentía de la construcción que, desde estudiante, tenía de ese lugar: un pueblo, tal vez como el mío, de angostas calles y veredas empedradas, un río y muchos árboles. Probablemente, cuando el bus atravesaba Guaymallén, comprendía a través de la ventana del ómnibus, la calidad del vino mendocino.
GERMÁN GONZALES Y LA PRESERVACIÓN DE AZA
Somos una construcción social, sin embargo, podemos ser con mucho valor lo que desde dentro el espíritu y el cuerpo dictan; dados el tiempo y decisión, un nombre, tu nombre, simboliza lo que deseas ser, lo que puedas llegar a ser.
“Hoy recibí a la Reina Letizia (…) El Rey se ausentó por la guerra entre Ucrania y Rusia. Fuimos la única galería seleccionada por la Casa Real dentro de la sección de Arte Latinoamericano (…) El Encuentro fue así: no hice reverencia ni tampoco me puse la mano en el corazón como nos habían indicado. Para Romper el hielo le dije: Letizia nos reencontramos 530 años después, ella responde: ¿Tú, eres La Chola? “
Guaymallén, que en lengua huarpe significa “tierra de ciénagas”,es la tierra donde despertará Mauricio Poblete (1989), la soñadora que salió de la UNCUYO (Universidad de Cuyo), graduada de las carreras de Artes Visuales de la facultad de Artes y Diseño y, quien recibió el galardón a la artista contemporánea en la Bienal de Venecia (2024), si alguna vez decía: “Lloro porque no puedo tejer más trenzas”, hoy la potencia de su obra, libera de estereotipos el macizo andino y como los sinuosos caminos, abre, descubre y enciende


candelas para el arte Latinoamericano; pueblos de cielo primaveral donde crecen mitos entre paredes de oro oscurecidos por la indolencia, la pobreza, el racismo… Cartografías donde cuantiosos nombres se diluyen: chichas, apatamas, calchaquíes, omaguacas, chiriguanos, matacos, pilagás, lules, tonocotés, tobas, mocovíes, abipones, sanavirones, comechingones, corondas, mocoretas, caigang, charrúas, chanas, timbúes, querandíes, guaraníes, diaguitas, capayanes, huarpes, puelches, algarroberos, pehuenches, poyas, chanecas, reches, mapuches, onas…

Cierta tarde Mauricio, descubre su alter ego “La Chola” (2013) quien le tomará de la mano y acercándola a un espejo le señalará: “mi género es ARTISTA. No me etiqueten con giladas, marrón, puto, marica, drag, travesti-trans. Soy hombre, mujer, cóndor, cuchara, aire, rock, cumbia, serpiente, agua.
ANTONIO PAUCAR: EN EL SUR Y EL NORTE
Mis infinitas formas de ser y transformarme en todos y todo sin perder mi esencia”. “Mi alter ego: “La Chola”, es un homenaje a las mujeres de mi familia, me interesa también cuestionar a cerca de la idea de belleza, interrogantes que siempre se renuevan acerca de lo bello, sobre los estereotipos, la construcción de identidad.” Su obra es iconoclasta en todas sus dimensiones, la técnica de la acuarela corre en sus trazos como una piragua en el río; junto al plátano de Maurizio Cattelan puede verse un dibujo de Felipe Huamán Poma; una Virgen Chola; una consigna, un cóndor, una papa, una máscara de pan, siluetas, cuerpos.

La obra “Venus”, hecha de estructura de hierro, malla galvanizada, pan y peluca, es una “Pachamama”, su cuerpo ofrece dos elementos esenciales: una vasija para los líquidos y dos trenzas de pan como alimento sólido. El pan cristiano transferido al concepto andino. La forma femenina preparada de harina blanca es ahora un pan dorado; el bagaje desembarcado no es más lo mismo, la impronta india, hoy día seduce tanto como hace 534 años su resplandeciente oro. Todo nace de sus entrañas, un hoyo abierto sin concesiones, la entrega total, donde morir es dar vida, volver a nacer (el agujero, es acaso también, un yacimiento a tajo abierto).
LA TIERRA, ÚLTIMO REFUGIO DEL HOMBRE
La Chola Poblete, con voz a lo Jorge Cafrune repite: “Hacerle frente a una estructura social desigual apoyada en el racismo, no se trata de levantar la whiphala por que sí, de besar a la Pachamama porque es cool, todxs son Gauguin, no me exotizan (…) Me interesa trabajar a partir de la apropiación de imágenes de la historia del arte y utilizar el cuerpo para hacerlos motivos de reflexión, noción de identidad, ya sea cultural, sexual, de género, nacionalidad y clase social.” Su potente obra se descubre en cada pedazo de pan y de mi viaje de amor, dos hijitas aprenden a amasar (Huácar/ Tomaykichwa, enero 2026).




