Por: César Kanashiro Castañeda
Actualmente se habla con frecuencia de realidad virtual, de la aplicación de la inteligencia artificial en diversos ámbitos. Se habla del metaverso. Un escenario donde se desarrollará una actividad paralela a la física, en la que se podrá interactuar y formar una sociedad a través de avatares de nosotros mismos. Un mundo ficticio en el que podremos “disfrutar” de lo que no tenemos en el mundo real. Un universo a nuestra medida, a la medida de la preferencia de cada uno. La cuestión es que estamos hablando de metaverso en singular, pero el futuro augura una pluralidad de metaversos. Un equivalente a las redes sociales, pero a nivel de una realidad virtual y un mundo imaginario.
La necesidad de atraer a nuevos lectores y previa la presencia de las bibliotecas en redes sociales, en la era de internet, el usuario ha podido interactuar de forma notable con la biblioteca mediante blogs, participación en post, o simplemente mediante likes a las propuestas de las bibliotecas.
Precisamente, la participación de las bibliotecas en el metaverso puede generar actividades para la inmersión de los lectores más allá de la lectura digital, puede crear escenarios para que el lector pueda convertirse en protagonista de la novela, y viva las mismas experiencias en un escenario ad hoc. Se trata de generar un mundo de fantasía en el que el usuario disponga de una serie de recursos que le resulten atractivos y que supere las carencias del mundo real.
Las posibilidades que el metaverso ofrece para la biblioteca y para el lector son múltiples, y todas ellas consideramos que tienen como finalidad el fomento del uso del espacio mediante distintos recursos, y también la utilización de la inteligencia artificial para colectivos vulnerables, por ejemplo, personas de edad avanzada, personas con discapacidad, o menores de edad. El metaverso supone la eliminación de cualquier tipo de barrera y representa el acceso a un escenario ilimitado, en el que hay una libertad de movimientos y de participación, en el que el verdadero protagonista es la persona usuaria del servicio.
Aunque en el futuro el metaverso adquirirá otra dimensión y se crearán plataformas destinadas a albergarlos, sí que podemos citar algún ejemplo de mundo virtual en el que está presente la biblioteca.
La biblioteca va intrínsecamente unida a la obra, a la propiedad intelectual. Ello plantearía algunas cuestiones sobre la creación de obras para su lectura solo en el metaverso y cómo se gestionarían los derechos sobre ella, ya que la legislación se enfoca al mundo físico, de momento. Aunque no hay que olvidar que existen normativas en muchos países hacen mención al futuro, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia precisa: “Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro”.
Precisamente la tangibilidad, el libro físico, no tendría hueco en el metaverso, ya que no es posible la entrega en papel a una representación virtual. El mundo virtual necesita el formato virtual para su funcionamiento. Ahí tendría su sede el libro electrónico, pero para ello hay que contemplar la licencia y muchas editoriales que sigan con la venta del libro físico no estarían presentes.
No obstante, el metaverso identificado con la intangibilidad no resulta extraño al ámbito de la biblioteca, ya que la aparición de los e-books, con la superación del soporte físico del libro, pero no la pérdida del soporte para su lectura ha ido evolucionando de forma progresiva.
La biblioteca integrada en el metaverso puede ofrecer otras perspectivas, como hemos apuntado, con la finalidad de realizar actividades inmersivas, consultar los libros, “visitar” la biblioteca, movernos por ella, y todo sin moverse del dispositivo desde el que nos conectemos.
En el ámbito de la accesibilidad, la biblioteca y el metaverso facilitaría la comunicación en el caso de discapacidad cognitiva, sensorial o en los casos de movilidad reducida, ya que se eliminarían cualquier tipo de obstáculos. En el caso de las personas de edad avanzada, podrían disponer de un asistente virtual en el metaverso que les pudiera guiar en el uso de la biblioteca, facilitarles la lectura, o incluso interactuar para reforzar las capacidades cognitivas de las personas con enfermedades que les dificultan la comprensión y el desplazamiento.




