Por Yeferson Eduards Carhuamaca Robles
LA BAZOFIA, BAZOFIA DEL PERÚ, la grandísima bazofia del país de los incas, la grandísima inmundicia de los asesinatos y matanzas; de esos miserables y arrogantes de la peste de sus pensamientos e ignorantes acciones, la bazofia de infrahumanos que creen que con poder de las balas y cañones pueden dañar impunemente, las heces de los cerebros sin ceso que comen caviar y whisky a costa del trabajo e impuestos; la cochinada junta de las leyes mamarrachas que defienden enfáticamente lo irracional; esos asesinos con nombre y cargos públicos de los ataúdes de cientos de hermanos indígenas, la cloaca de ratas con corbatas y vestidos con joyas hurtadas miserablemente de la tierra que regalan, aquellos, los de izquierda que parecen de derecha, y los derecha que hablan como los de izquierda o los del centro que comen en la mesa con dios y con el diablo; esa, la sarna impregnada como perros vagabundos que andan en coches blindados que no tienen la mínima idea de cómo llegaron ah, la sífilis y diarrea que no es aplacada aplaca con ningún tipo de remedio y que contagia hasta al más pulcro ser; esa mezcla de orina de zorrillo que mancha de mal olor a todas las instituciones, esos energúmenos que cantan para los micros como los santos más grandes de la historia y parlotean de honradez cuando son extremadamente rateros, esa fiebre amarilla del pueblo donde nació Vallejo, Vargas Llosa, Blanca Varela y Ribeyro quienes sin lugar a dudas jamás han leído, esos tipos enfermos terminales que aún no cambian, sino que más bien cada día enferman y enferma con sus parásitos las entrañas del Perú; la mentada de madre más grande a los pobres como cuando se come bien en sus palacios, escaños, escritorios, y burdeles, además que se dan el lujo de pedir más y más chorizo, pan, filetes, con mucho desdén y que no les basta con el desayuno de salmón de importación, mientras los niños están en las calles muriendo de hambre, y los colegios de los pueblos y ciudades se caen a pedazos como los puentes y carreteras, esa gente basura que contamina con sus leyes el mar y de un escupitajo van arrojándole el petróleo de la estupidez en sus palabras y leyes que por su ineptitud son el reflejo de sus inmundicia; esas blasfemas y traiciones más horrendas que se comenten como cuando van regalando puestitos de trabajo como si fueran volantes de publicidad de una casa de sex-shop a cambio de la chupada de medias y otras prendas, de esos que aceptan currículos sobrevalorados según la conveniencia de lo sexual o de otra connotación lujuriosa, de esos despiadados que siempre hacen tratados y acuerdos de bajo de la mesa y lo pasan como legales, esa blasfemia que hurga y viola los valores sagrados de la patria favoreciendo siempre a sus otorongos para no caer en líos por haber robado parte de sus sueldo a sus trabajadores, de dormir en playas y trabajar por sus celulares, esos mequetrefes que hablan redundantemente y hablan estupideces en señal abierta, Esa lacra enquistada, el vomito del perro con infección, ese perro cagalón que se hace encima de la sala, el plato roto lleno sopa derramada en un baño de hotel, esa putrefacción, esa.
Cuenta la historia que los soldados realistas abandonaron Lima, esa ciudad llama da los reyes, donde hay un palacio y otro edificio parecido que ahora sirve para que la bazofia más grande se siente a sus places. El general San Martín proclamó la independencia del Estado peruano el 28 de julio de 1821, y bajo su Protectorado se formó el primer Congreso Constituyente del país. Y desde ahí, todo lo que siguió fue una historia manchada de muchas porquerías, de muchos usureros, aprovechadores, militares y asesinos; esa BAZOFIA que hoy muchos siempre critican, pero que son las heces de nuestra triste realidad, lamentablemente son los elegidos y nos representan, esa bazofia es la sombra que pisa nuestras carencias y las explota todos los días en nuestra puta cara.




