LA BATALLA DE HUAMACHUCO

Andrés  J. Santamaría Hidalgo

Esta batalla se produjo el 10 de julio de 1883 y tuvo como comandantes al general Andrés Avelino Cáceres del ejército peruano y al coronel Alejandro Gorostiaga del ejército chileno. Se señala en los datos bibliográficos que fue una lucha pareja en cuanto al número de efectivos, 1880 de parte nuestra y 1736 por parte de ellos, no así en armamentos, organización militar y logística, pues nuestro ejército era la conjunción de valientes voluntarios casi sin ninguna preparación, más que el heroísmo y el fervor de salvar la patria invadida por un ejército que se había preparado con años de antelación para declararnos la guerra con fines expansionistas y económicos. 

Las hostilidades entre ambos ejércitos comienzan el 8 de julio con desplazamientos y movimientos tácticos; Cáceres ataca por medio de sus coroneles Francisco de Paula Secada, Pedro Silva e Isaac Recavarren, quienes capturan unos suministros dejados por los chilenos al abandonar Huamachuco. El 9 de julio, Cáceres ocupa el pueblo de Huamachuco decidiendo atacar el 11, pero Gorostiaga se adelanta y lo ataca el 10, antes de la llegada del coronel Puga y sus tropas que venían de Trujillo. Al notarlos sin municiones, el enemigo acomete con su caballería e infantería al ejército peruano, en una lucha desigual y sangrienta. Consumada la derrota, las tropas chilenas persiguen a los coroneles peruanos Isaac Recavarren y Leoncio Prado logrando capturar a este último por su condición de herido en batalla, no logrando hacer lo propio con el general Cáceres. 

Por órdenes de Lynch, Gorostiaga mandó ejecutar sin excepción a los prisioneros y heridos peruanos, debido a que los consideraron pertenecientes a un ejército irregular o montonera y por tanto no merecían la condición de prisioneros de guerra. Entre los sentenciados se encontraban los coroneles Miguel Emilio Luna, Leoncio Prado y el capitán Florencio Portugal, quienes solicitaron ser fusilados. Aquí nace la controversia respecto a la muerte de nuestro héroe, quien finalmente por las consideraciones de ser hijo del presidente del Perú Mariano Ignacio Prado y otros respetos, es fusilado el 15 de julio a cargo de un pelotón chileno ordenado, según algunos partes, por el propio Gorostiaga.  

Luego de la Batalla de Huamachuco, meditada como la decisiva que le dio la victoria a Chile en la Guerra del Pacífico, Cáceres se enfrentó a Iglesias, quien antes había sido ministro de Piérola y ahora fungía como aliado de los chilenos y autoproclamado presidente en el norte del Perú.  Iglesias, proclive a la rendición y firma de la paz, consigue finalmente sus oscuros propósitos con el Tratado de Ancón, en Octubre 1883. Antes de dicha firma, se libraron algunas escaramuzas entre ambas tendencias llegándose al extremo de una post guerra civil entre caceristas e iglesistas, cuando ya las tropas chilenas se habían retirado del país.

Estas diferencias entre peruanos, es la más clara explicación de lo que venía sucediendo en nuestro país desde antes de la guerra con Chile, la absurda división entre militares peruanos por el poder, que fue aprovechado por el enemigo. No está demás reflexionar al respecto, que esta misma situación, continúa hasta nuestros días a través de los partidos políticos e inclusive entre los poderes del Estado como es el caso de la actual, entre el Ejecutivo y el Legislativo. La historia se repite.