Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia han experimentado altibajos significativos a lo largo de la historia reciente. Un ejemplo notable es el intento de “reinicio” impulsado por la Administración Obama en 2009, que buscaba mejorar los lazos bilaterales. Sin embargo, esta iniciativa se vio truncada con la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014, desencadenando una nueva era de tensiones y hostilidades diplomáticas. En este contexto, surge un nuevo intento de acercamiento liderado por Donald Trump, marcando un posible punto de inflexión en la política exterior estadounidense. La posible normalización con Rusia implica un cambio radical que podría impactar las relaciones de EE.UU. con Ucrania y sus aliados europeos.
Política Exterior
Según el reportaje de El País, la última vez que Estados Unidos intentó un acercamiento a Rusia ocurrió en 2009, iniciativa que no prosperó tras la ocupación rusa de Crimea en 2014. Ahora, la administración Trump explora un acercamiento que podría alterar las dinámicas geopolíticas.
El reciente encuentro en Riad entre delegaciones de Estados Unidos y Rusia ha generado expectativas sobre una posible mejora en las relaciones bilaterales. La delegación rusa, encabezada por figuras clave como Serguéi Lavrov y Yuri Ushakov, se reunió con un equipo estadounidense liderado por Marco Rubio, Mike Waltz y Steve Witkoff. Este encuentro, notable por la ausencia de representantes de Ucrania y la Unión Europea, señala un cambio de rumbo respecto a la política de “nada sobre Ucrania sin Ucrania” promovida por la administración Biden. Rubio calificó la reunión como un “primer paso” en un camino complejo, anunciando un acuerdo para restablecer la normalidad en las representaciones diplomáticas.
Trump ha expresado su frustración con la gestión de la crisis ucraniana, criticando a Volodímir Zelenski y sugiriendo que Ucrania debería haber cedido territorio a Rusia para evitar el conflicto. Estas declaraciones contrastan con las acusaciones hacia Zelenski, a quien responsabiliza de la ocupación rusa y para quien desea nuevas elecciones. Al mismo tiempo, ha elogiado a Putin, sugiriendo un posible encuentro en Arabia Saudí y abogando por el regreso de Rusia al G-7, bloque del que fue expulsado tras la anexión de Crimea en 2014.
No obstante, la propuesta de Trump no cuenta con apoyo unánime en Washington. Figuras como el senador Roger Wicker, presidente del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, han expresado escepticismo sobre la posibilidad de confiar en Putin, a quien considera un “criminal de guerra”. Wicker también ha cuestionado la ausencia de Ucrania y Europa en las negociaciones iniciales, resaltando la necesidad de su participación para lograr un resultado justo. Expertos como Timothy Snyder, profesor de Relaciones Internacionales en Yale, han alertado sobre la falta de experiencia en negociaciones internacionales del equipo estadounidense en comparación con la delegación rusa. Snyder destaca la importancia del dominio de idiomas relevantes y el conocimiento regional sobre Ucrania y Rusia, factores que podrían influir en el desarrollo de las conversaciones. Las tensiones entre Rusia y Ucrania se remontan a siglos, exacerbadas por la disolución de la Unión Soviética y la posterior expansión de la OTAN hacia el este.




