Kirsty Coventry preside ahora el COI tras su elección

La elección de Kirsty Coventry como presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI) marca un hito histórico. Su nombramiento no sólo rompe barreras de género y geográficas, sino que también introduce una perspectiva renovada en la gestión del deporte a nivel mundial. Este evento se produce en un momento crucial, donde la gobernanza deportiva enfrenta retos significativos relacionados con la transparencia, la sostenibilidad y la inclusión.

Según la investigación publicada por The New York Times, Kirsty Coventry fue elegida el jueves como la décima presidenta del Comité Olímpico Internacional, convirtiéndose en la primera mujer y la primera persona africana en ocupar el cargo de mayor poder en el deporte.

Coventry, de 41 años y originaria de Zimbabue, sobresalió como la única mujer entre los siete candidatos en una contienda electoral que se extendió por meses. Su juventud la convierte en la presidenta más joven del COI desde el Barón Pierre de Coubertin, el fundador de la organización. Su trayectoria como nadadora olímpica es impresionante, ostentando siete de las ocho medallas olímpicas de su país, incluyendo las preseas de oro en los Juegos de 2004 y 2008.

La elección, descrita con paralelismos a un cónclave papal, se resolvió sorprendentemente en la primera ronda de votación secreta por los miembros del Comité Olímpico Internacional, un grupo diverso que abarca desde líderes deportivos hasta miembros de la realeza, magnates empresariales e incluso estrellas de Hollywood. Este hecho subraya la influencia y el alcance global del COI, así como la importancia estratégica de su liderazgo.

Esta victoria impulsa inmediatamente a Coventry a la cúspide del deporte mundial, a una posición que exige perspicacia diplomática, financiera y de gestión, además de un profundo conocimiento del deporte. La presidenta del COI debe dirigir una institución responsable de otorgar y organizar los Juegos cada dos años, eventos que generan miles de millones de dólares y son anhelados por políticos de todo el mundo para fortalecer su perfil y el de su nación.

El legado de Thomas Bach, el líder saliente de Alemania y ex medallista de oro en esgrima, se caracterizó por una presidencia de 12 años marcada por una serie de crisis. Estas incluyeron revelaciones sobre un programa estatal de dopaje en Rusia que corrompió el deporte internacional durante al menos media década, un levantamiento entre algunas democracias occidentales por el costo de organizar los Juegos Olímpicos y una pandemia que trastocó el movimiento, obligando a que los Juegos Olímpicos de Tokio se celebraran a puerta cerrada un año después de lo previsto. Es importante recordar que durante la administración de Bach se aprobó la Agenda 2020, un plan estratégico para hacer los Juegos más sostenibles y adaptables.

Para Coventry, hay asuntos urgentes que abordar desde el principio. Los próximos Juegos Olímpicos de Verano tendrán lugar en Los Ángeles en 2028, en un momento en que el liderazgo estadounidense en todo el mundo está bajo escrutinio. También hay decisiones importantes que tomar sobre los derechos de los atletas transgénero, así como sobre los desafíos que plantea la crisis climática. Estas cuestiones exigen un enfoque pragmático y colaborativo, con el fin de asegurar la integridad y la relevancia del movimiento olímpico en el futuro.