La historia de Katharine Dexter McCormick representa un claro ejemplo de cómo la riqueza, cuando se combina con una fuerte voluntad y una visión clara, puede transformar radicalmente la sociedad. Nacida en una familia acomodada y aún más favorecida por su matrimonio, McCormick optó por no disfrutar pasivamente de sus privilegios, sino que dedicó su fortuna a mejorar las vidas de las mujeres.
Según la investigación publicada por The New York Times, la filántropa y activista usó su riqueza de manera estratégica, invirtiendo principalmente en la investigación fundamental que condujo al desarrollo de la píldora anticonceptiva a finales de la década de 1950.
Antes de la llegada de la píldora, las opciones de control de la natalidad en Estados Unidos eran extremadamente limitadas, llegando a existir prohibiciones sobre el uso de diafragmas y preservativos. La aparición de la píldora anticonceptiva facilitó enormemente la planificación familiar, permitiendo a las mujeres decidir cuándo y si tener hijos, lo que a su vez impulsó la revolución sexual de los años sesenta. Este cambio social no solo empoderó a las mujeres en el ámbito personal, sino que también abrió nuevas oportunidades en la educación y el mercado laboral. Hoy en día, la píldora sigue siendo el método anticonceptivo reversible más utilizado en Estados Unidos, a pesar de algunos efectos secundarios conocidos.
El interés de McCormick por el control de la natalidad se despertó en la década de 1910, cuando conoció la historia de Margaret Sanger, una líder feminista que fue encarcelada por abrir la primera clínica de control de natalidad del país. Compartiendo la firme convicción de Sanger de que las mujeres deberían tener el derecho a decidir sobre su propio destino biológico, McCormick se unió a la causa con pasión y determinación. Su colaboración fue clave para superar las barreras legales y sociales que impedían el acceso a la anticoncepción.
En 1917, McCormick y Sanger se conocieron e idearon un plan para introducir diafragmas de contrabando en Estados Unidos. Esta acción, aunque arriesgada, fue un acto de desafío contra las leyes restrictivas de la época y demostró el compromiso de ambas mujeres con la causa del control de la natalidad. La audacia de sus acciones subraya la magnitud de los obstáculos que enfrentaban las mujeres que buscaban ejercer control sobre su propia fertilidad.
Además de su apoyo financiero a la investigación científica, McCormick también destinó recursos a la educación sexual y a la defensa de los derechos reproductivos. Su visión integral del problema la llevó a comprender que el acceso a la anticoncepción era solo una parte de la solución; también era necesario informar y empoderar a las mujeres para que pudieran tomar decisiones informadas sobre su salud sexual y reproductiva.



