Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo
No escuchar la voz, el sentimiento y la propuesta de los jóvenes es una locura, más que ser sordo sabiendo oír. La marcha del jueves 12, y las siguientes, precisamente, es una muestra fehaciente del liderazgo de los jóvenes contra el gobierno golpista de Merino, 105 congresistas, incluidos los 3 de Huánuco; a este trío, la historia y la opinión pública los juzgará. El ejemplo de Chile demuestra que los jóvenes sí tienen poder de decisión, de presión social y actos heroicos para defender la democracia, la institucionalidad y el destino de una nación, que creen en la democracia, la libertad y el derecho de protestar legítimamente. En esta coyuntura, la indignación, la desilusión y la impotencia de los jóvenes se ha hecho visible en las calles y marchas multitudinarias contra el gobierno usurpador, que minimiza y desmerece esta movilización activa de masas.
Las calles se han convertido en el escenario de protesta popular, enfado ciudadano y lucha tenaz para defender la dignidad de un pueblo, de ver cómo los hijos bastardos de la política actúan con cálculos matemáticos para custodiar intereses personales y empresariales, dando la espalda a los electores que depositaron confianza en las ánforas. No hubo ciudad en el Perú que no haya protestado con pancartas, megáfonos, banderas peruanas gigantes, decenas de cuadras invadidas por ciudadanos, principalmente jóvenes, coreando en contra del “presidente Merino” y 105 congresistas que vacaron a Vizcarra, quien no es santo de nuestra devoción, porque si cometió delitos de corrupción debe enfrentar a la justicia sin huir ni esconderse debajo de la piedra. La marcha no ha sido a favor ni en respaldo de Martín Vizcarra, sino para defender la democracia, la institucionalidad, el respeto a la Constitución, el estado de derecho y el decente ejercicio del poder. Aun cuando la pandemia amenaza y diezma cruelmente, los ciudadanos se volcaron a las calles. Merino no podía gobernar sin legitimidad ni con protestas multitudinarias. MM es repudiado públicamente por los manifestantes que creen firmemente en que la democracia es para gobernar con equilibrio de poderes, con decencia, sin convertir al Estado en un botín de guerra ni en torta de cumpleaños.
Hace tiempo que no escuchaba el discurso efusivo y elocuente de los jóvenes luego de una marcha de protesta. Evoco la frase de Manuel González Prada: “¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!” La generación de jóvenes de hoy tiene actitud, filosofía y expectativas distintas a la de los adultos cincuentones. Ellos disponen, por ejemplo, de las redes sociales para convocatorias, reuniones y opinión sobre eventos de la coyuntura política. Los memes juegan un rol demoledor contra el contrincante. El infeliz Merino es objeto de burlas y ridiculizaciones feroces y brutales. Dos jóvenes muertos lamentablemente es el saldo de esta actuación heroica y democrática.
La rebeldía de los jóvenes es admirable. La juventud en acción es un tsunami contra la injusticia, el desprecio por la decencia en la política y el abuso de poder. ¿Quiénes estuvieron en la línea de fuego en los conflictos fronterizos contra el Ecuador o en la lucha contrasubversiva? Leoncio Prado Gutiérrez, el Héroe de Huamachuco, peleó como un león aguerrido en la guerra contra Chile. Solo tenía 29 años.
Los jóvenes de las marchas no piden más obras de fierro y cemento, más presupuesto para inversión pública que genere empleo ni para enfrentar mejor el Covid-19. Los carteles y el discurso revelan una actitud de desprecio al “presidente Merino”, al gabinete reciclado, al congreso estúpidamente felón.
A los jóvenes de hoy les ha tocado vivir las vísperas del bicentenario, convulsionado, con problemas no resueltos, con desilusión, pero con ganas de devolverle al Perú y a sus instituciones la dignidad que merecen. Menospreciar la acción decisiva de los jóvenes en la política es un error garrafal. A Merino le salió al frente de su megalomanía política la “generación del bicentenario”. Los jóvenes que estuvieron en las calles no son desempleados, anárquicos ni del Movadef ni frustrados universitarios ni vándalos ni destructores. Son ciudadanos (la reserva moral del Perú) que pusieron el pecho directamente para rechazar actos antidemocráticos, jugarretas políticas, impunidad, repartija del poder y trasgresión a la Constitución, amparados en el derecho de protestar pacíficamente. Jóvenes de bicentenario, en sus manos está el destino del Perú.




