Justicia y prevención, un clamor que no puede ignorarse

El caso de la niña Zayumi De La Cruz Malpartida no es solo una tragedia personal para su familia, sino un recordatorio doloroso de la negligencia estructural que persiste en muchas regiones del país. Su muerte, ocurrida tras ser arrastrada por la corriente de una quebrada en Llicua, Huánuco, ha desatado una justa indignación en la comunidad, que hoy exige explicaciones y, sobre todo, medidas concretas para evitar que hechos similares se repitan.

La reciente inspección técnica realizada por la División de Investigación Criminal (Depincri) de Huánuco es un paso necesario en la búsqueda de justicia, pero no puede ni debe ser la única acción. La denuncia presentada por la familia de Zayumi contra el gobernador regional de Huánuco, Antonio Pulgar, por homicidio culposo, pone en evidencia una realidad innegable: la falta de planificación y prevención en la infraestructura pública puede costar vidas.

Es preocupante que, en pleno siglo XXI, sigamos lamentando pérdidas humanas por la ausencia de medidas de seguridad básicas. No basta con expresar condolencias o promesas de cambio tras cada tragedia. Las autoridades tienen el deber ineludible de prever y actuar antes de que el daño sea irreversible. En este caso, la comunidad ha señalado la falta de estructuras de contención en la quebrada como un factor determinante en la tragedia, una advertencia que no debería ser ignorada.

Asimismo, resulta fundamental que la investigación en curso garantice total transparencia y celeridad. La población de Huánuco merece conocer la verdad de lo ocurrido y, si hay responsables, estos deben ser sancionados conforme a la ley. No podemos permitir que la burocracia o la falta de voluntad política diluyan las responsabilidades y dejen a una familia sumida en el dolor sin respuestas ni justicia.

El caso de Zayumi debe ser un punto de inflexión. No podemos normalizar la negligencia como parte de la cotidianidad. Es momento de exigir un compromiso real con la seguridad y la prevención en nuestras ciudades y comunidades. Que esta tragedia sirva no solo para recordar a Zayumi, sino para impulsar los cambios necesarios que eviten que otra familia tenga que vivir el mismo dolor.