Jugando fútbol con una pelota de papel

 Escrito por: Marcos Cancho Peña

“El fútbol profesional moderno se juega en dos canchas: la primera es con veintidós jugadores y la otra es la de los reglamentos”, declaró satisfecho Julio García -abogado de Alianza Lima- hace un par de días. Y es que, amparado en papeles, el club al que representaba, logró mantener la primera categoría.

Me sorprendió que el Tribunal Arbitral del Deporte le quitara dos puntos a Carlos Stein y, por ende, lo hiciera descender para darle su lugar a Alianza Lima. La FIFA, en honor al deporte, pone en primer lugar los resultados meramente deportivos cuando se trata del derecho de los clubes a participar de campeonatos nacionales. No lo estoy inventando, así figura en el décimo artículo de su “Reglamento de Aplicación de los Estatutos”. Pueden fijarse. Entonces, siguiendo dicha vía, considero que el TAS debió analizar lo determinante que era restarle las dos unidades a Stein. El torneo ya había finalizado, la tabla ya no se iba a mover, en consecuencia, quitarle esos puntos significaba el ascenso de Alianza Lima, un club que por su terrible desempeño futbolístico, merecía jugar la Liga 2. Pero, en fin, se determinó jugar fútbol con una pelota de papel.

Allá por el 2015, Cienciano descendió de categoría por motivos económicos. La noticia se conoció antes de que se jugara la última fecha. Le restaron 6 puntos vía administrativa. Sin aquella disminución de puntaje, el “Papá” se hubiese quedado en primera. En aquel tiempo, los aplaudí. Y me refiero al equipo, a los veintidós que en cada partido, dejaban la piel por mantenerse en primera. Ganaron su lugar en la cancha, pero nada se puede hacer cuando, en la otra cancha -como dice, satisfecho, Julio García- se pierde por goleada. Hoy aplaudo a los jugadores de Carlos Stein. Supieron adaptarse a jugar lejos de su natal Lambayeque y sumar la cantidad de puntos necesarios para salvar el descenso. Además de que olvidaron los problemas económicos en cancha, dando todo de sí cada lapso de 90 minutos. Por otro lado, condeno a los dirigentes que terminaron por mandar a la borda al club. Ellos merecen los insultos, las burlas y el repudio de los hinchas.

De pequeño, solía jugar fútbol en los recreos de mi escuela. Junto a mis amigos de salón, pateaba una pelota de papel recién hecha con las hojas de nuestros cuadernos. En ese tiempo era divertido. Ahora, diez años después, dejó de serlo.