Por: Israel Tolentino
“Túpac Amaru es un héroe sin cara” escribe Pablo Macera refiriéndose al retrato de Túpac Amaru, esa descripción continúa siendo bella y provocadora, un retrato que niega el rostro, como la sombra de la piedra de doce ángulos de Juan Salas (Cusco, 1982), donde se percibe la sombra que no es la piedra.
Noviembre es un mes de reivindicación en el mundo andino, sobre todo en el Perú y Bolivia. El 4 de noviembre de 1780 Túpac Amaru II lleva a cabo una rebelión que aún pervive en el imaginario colectivo y como en una parusía andina, esa venida toma visualidad en la obra de Juan Salas.

El Museum of Latin American Art (MOLAA) en California expone ARTEÔNICA hasta febrero del 2025, con la curaduría de Gabriela Urtiaga (Argentina) y el comité asesor integrado por Tania Aedo (Mexico), Rodrigo Alonso (Argentina), Patrick Frank (USA) y José Carlos Mariategui (Perú) donde se presenta “A la sombra del sol” junto a obras de consagrados artistas latinoamericanos: Marta Minujín (Argentina), Francesco Mariotti (Perú), Juan Downey (Chile), Gyula Kosice (Argentina), Martha Boto (Argentina), Pola Weiss (México) y Teresa Burga (Perú), quienes “sentaron las bases de una producción inspirada en los conceptos más innovadores de su tiempo, mientras se sumergían en los hallazgos de las investigaciones internacionales y locales, en las ideas que conmovieron el mundo y en las que emergían de sus propios entornos regionales” (nota de prensa).

El Cusco es el lugar donde se confrontan pasado y presente, del pasado resuella el grito libertario y todo cusqueño desde antes de nacer respira ese aire, ¿de qué manera en ese ambiente puede suscitarse una reflexión como la de Juan Salas? A la capital Inka le faltaba inteligencia y sensatez frente a lo kitsch y el uso trivial de su iconografía, Salas logra darle otra representación: “mi perspectiva va por desmitificar las cosas, ver con incredulidad” y es esta reflexión que nos devuelve la objetividad, sobre todo en ambientes culturales donde la herencia pesa como las piedras que la circundan.
Juan Salas camina por Hatun Rumiyoq (Calle de la Gran Piedra) donde se ubica la piedra de los doce ángulos y mucha gente llega a sacarse selfies. Un ícono que diariamente se muda entre objeto emblemático de la ingeniería precolonial a curioso artefacto souvenir. Juan Salas, como todos, conoce una cara de la piedra, pero no ignora los lados que sus ojos no ven, sus manos no pueden tocar y su cabeza pueda cavilar. A la facción visible la representa como una silueta, la aplana y la vuelve sombra, tras ese velo oscuro, como en la cara que no se conoce de Túpac Amaru se desenvuelven sus pensamientos a los que titula: “A la sombra del sol”, obra que en la planitud de su proyección descubre el volumen de la piedra icónica. Con antelación había realizado la individual: “Cusco, íconos y variaciones” en una pequeña sala del Qorikancha, posteriormente en la sala Pancho Fierro de Lima, muestra donde mostraba su encuentro con el lugar donde había pasado cerca de sus veinte primeros años de existencia.

Juan Salas en “A la sombra del sol” retira simbólicamente el ícono de su emplazamiento y hace que flote, un intento de liviandad que contrariamente a alterar el peso que tiene la piedra, la reafirma y como la cara ausente de Túpac Amaru, el vacío “pesa” como si estuviésemos frente al ícono original. No hace falta entonces matar la gallina de los huevos de oro y encontrarse con los trazos y golpes fallidos de la herramienta del lapidario. El título vuelve al objeto propicio para ensayar tantas respuestas como curiosos que continúan sacándose selfies.
Es noviembre del 2024, Túpac Amaru II asesinado hace 244 años; en esa sombra crece el mito, el retorno de Inkarri. Juan Salas, puede no tener clara esta carga, pero ser cusqueño lo tiene signado.
“A la sombra del sol” es la piedra angular en su oficio artístico, la ciudad, todos los territorios, la prolongación de su taller. En la sala la piedra flota proyectando su sombra, gira sobre sí misma, accionando como en un reloj la hora del retorno. Por ahora la silueta de Túpac Amaru y tal vez de Micaela Bastidas susurrando: “Juan, ya no tengo paciencia para soportar todo esto” (Pozuzo, noviembre 2024).




