Por: Israel Tolentino
Una tradición se carga con el cuerpo entero, con el apoyo de los seres del Hanan Pacha, en esa trama, el viento es el medio que lleva y trae las respuestas, la inspiración, los permisos, los recuerdos… Todo eso, en esta oportunidad se expone, con la curaduría de Mauricio Delgado, en la galería y charcutería Mayo del 68, en Huancayo, en la incontrastable y vigorosa ciudad del centro del país.

Mayo del 68, es uno de los contados riesgos, que fuera de Lima, ciertos quiméricos personajes intentan llevar adelante. El nombre recuerda, inevitablemente a la revuelta juvenil iniciada en París que terminó con el cambio del paradigma moderno. Jair Perez Brañez y Julia Ponte Castro son los soñadores de este proyecto; seguramente, siempre hay poco o mucho que cambiar, entonces la propuesta de Mayo del 68, se sitúa como punto en la discusión cultural en Huancayo, vale mencionar el picante sobrenombre de una publicación: la voz Huanca York Times. Todos, intentos por compartir el accionar local a espacios amplios, e invitar a los que cavilan fuera de estas márgenes. En este contexto se presenta: “Del aire y de la tierra. Dibujos y memorias de Javier Gonzales Paucar”. Cuando se es parte de un todo, la individualidad no hace más que fortalecer ese vínculo y claro está, en esa acción se fortifica también uno. Javier Gonzales sabe eso, cada paso en su largo recorrido a solidificado esas huellas.

Los dibujos de Javier, en esta exposición, elaborados en tinta negra sobre papel, con características de impresión xilográfica u otra técnica gráfica, son las que inauguran la galería – charcutería Mayo del 68. Hay en la delicadeza del tratamiento de los grises, un acercamiento a la calidad fotográfica, a un alto contraste donde luces y sombras luchan por darle fuerza al espacio en que el papel se convierte. Los dibujos de Javier se camuflan en las técnicas gráficas para prestarse su caligrafía y contar, en consecuencia, de otra manera. Todo esto, es en pocas palabras: mano, trazo, nervio, técnica.

Javier Gonzales va más allá, sus imágenes son crónicas donde transitan motivos de sus afectos, en uno, el dibujo se sale de la hoja acercándose al observador, como en una procesión, es su abuelo Abilio Gonzales quien carga un “tayta mayu”, cruz de fiesta, elaborada por él; en otro, muestra de espaldas a un niño y un adulto, quien con la mano extendida le muestra la vía láctea, el río celestial donde recorren: pastor, zorro, llama, serpiente, perdiz, sapo… Creaturas del panteón andino, el afecto trasmite el conocimiento astronómico ancestral, ese niño y ese adulto es Javier. Entonces en él, la nostalgia es reflexión, rito y presencia actual.
Javier ha tenido por destino, pertenecer a una familia de artistas, nació y creció en el pueblo de Aza, donde los saberes ancestrales se respiran y encarnan en las familias y proporcionan el sustento de la prole. En otros casos, pueblos con tradiciones férreas, se han vuelto sombra; en la casa de los Gonzales nadie ha podido esquivar esta herencia. Javier contribuye y robustece al legado que le precede, las historias contadas en los dibujos: “Del aire y de la tierra” son prueba, que, por su taller el olvido no se acerca.

El mundo Huanca, dándonos árboles de semillas sembradas a fines del siglo XIX por Eduardo Gonzales y Ascencia Quispe. Desde entonces, se desenvuelven en una mística perseverante y creativa. Sus obras conectan y actualizan generaciones. Javier (1958), con esta vuelta al circuito galerístico fortalece ese diálogo cultural y se vincula al quehacer nacional. Los Gonzales Paucar han dado nombres como el de los hermanos de Javier: Pedro (1955) y Antonio (1973); de su padre Julián (1937-2017); su tío Germán (1942); su abuelo Pedro Abilio (1912- 2006) y tejido lazos con Josué Sánchez y los finados: Guillermo Guzmán Manzaneda (1912-1986) y Hugo Orellana Bonilla (1932-2007).
En esta categórica serie de dibujos, Javier Gonzales Paucar, revela que antes de aprender a leer y escribir, aprendió a preparar engrudo y tablitas para tallar, dibujar y modelar las imágenes para la iglesia Santa Bárbara de Aza (Pozuzo, agosto 2025).




