La política comercial estadounidense se encuentra en un punto de inflexión ante las recientes declaraciones del expresidente Trump, quien ha instruido a sus asesores para que evalúen la imposición de nuevas tarifas arancelarias a los socios comerciales de Estados Unidos, todo con el objetivo de reequilibrar el comercio internacional. Esta medida, que evoca anteriores confrontaciones comerciales, pone en el punto de mira el impuesto al valor agregado (IVA), un sistema tributario ampliamente utilizado en Europa y otros países. Este gravamen, según el equipo de Trump, otorga a otras naciones una ventaja comercial desleal frente a los Estados Unidos, donde el IVA no se aplica a nivel federal. Esta estrategia representa un retorno a políticas proteccionistas que podrían reconfigurar los flujos comerciales globales y afectar directamente a los consumidores y a las empresas multinacionales.
Impuesto al Valor Agregado en el primer párrafo.
Según la investigación publicada por The New York Times, el presidente Trump ha puesto en el punto de mira el impuesto al valor agregado, un sistema ampliamente utilizado en Europa y otras partes del mundo para gravar el consumo de bienes y servicios. El presidente y su equipo describen este impuesto como un sistema que otorga a otros países una ventaja comercial injusta sobre Estados Unidos.
El IVA es un impuesto al consumo que se aplica en cada etapa de la producción de un bien o servicio. A diferencia del impuesto sobre las ventas que se aplica al consumidor final en los Estados Unidos, el IVA se acumula a medida que los bienes o servicios avanzan a lo largo de la cadena de suministro. El IVA final es, por lo tanto, la suma de los impuestos pagados en cada etapa de producción.
En Europa, las tasas del IVA varían según el país, pero en promedio se sitúan alrededor del 20%, una cifra considerablemente superior a los impuestos sobre las ventas estatales en los Estados Unidos, que promediaron el 6,6% en 2023, de acuerdo con la Tax Foundation. Este diferencial impositivo es un punto central en el debate sobre la equidad comercial.
El funcionamiento del IVA implica que, si los bienes se venden dentro del país donde se producen, los consumidores terminan pagando el impuesto acumulado a lo largo de la cadena de producción. Sin embargo, un aspecto crucial es que, si los bienes se exportan, gran parte de los impuestos al valor agregado se reembolsan al exportador.
Este mecanismo de reembolso del IVA proporciona un incentivo para que las empresas exporten bienes en lugar de venderlos en su mercado nacional. En esencia, se argumenta que el IVA actúa como un subsidio a las exportaciones, lo que podría distorsionar el comercio internacional y afectar la competitividad de las empresas estadounidenses en el mercado global. Este punto es clave en la controversia desatada por la administración Trump. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), más de 170 países utilizan el IVA como principal fuente de ingresos fiscales. Además, la Unión Europea armoniza las normativas sobre el IVA entre sus miembros, aunque las tasas varían.
Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), las disputas sobre la aplicación del IVA y otros impuestos indirectos han sido frecuentes en el comercio internacional, reflejando las tensiones entre las diferentes filosofías tributarias y su impacto en la competitividad. La posible imposición de aranceles por parte de Estados Unidos podría exacerbar estas tensiones y llevar a represalias comerciales por parte de sus socios.




