La situación en Gaza se encuentra en un punto crítico, donde la posibilidad de un alto al fuego temporal emerge en medio de una creciente crisis humanitaria y la persistente demanda israelí por el control total del territorio. La ofensiva israelí, objeto de fuertes críticas internacionales, ha generado una devastación generalizada y un sufrimiento incalculable entre la población civil palestina, especialmente entre los niños.
Según el reportaje de Gestión, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha expresado la disposición de su gobierno a considerar una pausa en las hostilidades en Gaza, condicionada a la liberación de los rehenes en manos de Hamas. Esta propuesta llega en un momento de máxima tensión, con la comunidad internacional exigiendo un cese inmediato de la violencia y el acceso irrestricto de la ayuda humanitaria a la Franja.
Netanyahu, a su vez, ha reiterado la determinación de Israel de mantener el control “de toda la Franja de Gaza”, insistiendo en la necesidad de “evitar una crisis humanitaria para mantener nuestra libertad de acción operativa”. Esta declaración subraya la complejidad de la situación, donde las consideraciones humanitarias se entrelazan con los objetivos militares y estratégicos de Israel. La Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han sido vocales en su condena a la ofensiva israelí, así como al bloqueo de la ayuda internacional que agrava la ya precaria situación humanitaria en Gaza. Datos de la ONU indican que el 80% de la población de Gaza ha sido desplazada de sus hogares.
El incidente reciente en Cisjordania ocupada, donde tropas israelíes realizaron “disparos de advertencia” durante la visita de diplomáticos extranjeros organizada por la Autoridad Palestina, ejemplifica las elevadas tensiones diplomáticas. Israel justificó sus acciones alegando que la delegación ingresó a una zona no autorizada, ofreciendo disculpas “por las molestias causadas”, pero sin abordar la gravedad del incidente. Este hecho se suma a una larga lista de controversias que dificultan aún más las perspectivas de una solución pacífica y duradera.
Si bien Israel ha anunciado el levantamiento temporal del bloqueo total a Gaza impuesto desde el 2 de marzo, permitiendo la entrada de 100 camiones con ayuda, la ONU considera que esta medida es “una gota de agua en el océano”. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF) han advertido que la ayuda enviada a Palestina “no es ni de lejos suficiente para una población de 2.4 millones de personas”. Las necesidades básicas como agua potable, alimentos, medicinas y combustible siguen siendo extremadamente urgentes.
El Papa León XIV ha calificado la situación en Gaza como “preocupante y dolorosa”, instando a Israel a permitir “la entrada de ayuda humanitaria digna”. Su llamado se une a las voces de líderes religiosos y humanitarios de todo el mundo que exigen un alto al fuego inmediato y el fin del sufrimiento de la población civil. Según cifras fiables del Ministerio de Salud de Gaza y corroboradas por la ONU, más de 53,655 personas, en su mayoría civiles y niños, han perdido la vida como consecuencia de los ataques israelíes. La cifra de niños fallecidos supera los 15,000, lo que subraya la magnitud de la tragedia humana que se está desarrollando en Gaza. La destrucción de infraestructura civil, incluyendo hospitales y escuelas, ha sido ampliamente documentada.




