Israel lanza ataques aéreos cerca de Beirut afirmando que su objetivo era Hezbolá

La escalada de tensiones en la frontera entre Israel y Líbano ha alcanzado un nuevo punto crítico. El ejército israelí atacó un barrio residencial en los suburbios del sur de Beirut, capital libanesa, una zona conocida por ser un bastión del grupo militante Hezbollah. Este incidente se produce en un contexto regional ya marcado por la inestabilidad, agravada por conflictos en Siria y las persistentes tensiones entre Irán y Arabia Saudita, que a menudo se manifiestan a través de terceros actores en la región.

Según la investigación publicada por The New York Times, el ataque se produjo durante la tarde del domingo y ha generado una fuerte condena por parte del gobierno libanés, que lo considera una violación de su soberanía.

Tras el ataque, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, junto con el Ministro de Defensa, Israel Katz, emitieron una declaración conjunta en la que confirmaron que el objetivo eran infraestructuras en el barrio de Dahiya, área de influencia de Hezbollah. Israel alega que el grupo, respaldado por Irán, almacenaba misiles de precisión en la zona. La declaración fue contundente, reafirmando la postura de Israel de no permitir que Hezbollah se fortalezca y represente una amenaza, advirtiendo que Dahiya no será un “santuario” para la organización. Esta retórica se asemeja a la utilizada en conflictos anteriores, como la guerra del Líbano de 2006, cuando Dahiya también fue objeto de intensos bombardeos israelíes.

Netanyahu y Katz responsabilizaron directamente al gobierno libanés de prevenir estas supuestas amenazas, una acusación que previsiblemente tensará aún más las relaciones entre ambos países. Esta postura ignora las limitaciones que enfrenta el gobierno libanés para controlar las acciones de Hezbollah, que opera como un actor político y militar poderoso dentro del país.

El Presidente libanés, Joseph Aoun, respondió de inmediato a través de los medios estatales, denunciando el ataque como una acción que socava la estabilidad y advirtiendo sobre el riesgo de una escalada regional. Aoun apeló a Francia y a Estados Unidos, países que han estado involucrados en la supervisión del cese al fuego entre Israel y Hezbollah desde noviembre del año pasado, instándolos a “asumir sus responsabilidades” y exigir a Israel que detenga sus ataques.

Enfatizó que las acciones israelíes, bajo cualquier pretexto, son inaceptables y constituyen una violación de la soberanía y la integridad territorial del Líbano. La ausencia de una respuesta inmediata por parte de Hezbollah deja abierta la interrogante sobre cómo el grupo militante responderá a esta agresión, incrementando la incertidumbre sobre el futuro de la seguridad en la región.

El silencio inicial de Hezbollah tras el bombardeo deja en suspenso las posibles represalias. La comunidad internacional observa con atención, consciente de que cualquier movimiento en falso podría desencadenar un conflicto de mayores proporciones, arrastrando a la región a una espiral de violencia con consecuencias impredecibles.