La ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza ha entrado en una nueva fase, con el gobierno de Israel delineando planes para expandir sus operaciones y consolidar el control sobre áreas significativas del enclave. Esta estrategia, que busca incrementar la presión sobre Hamas, ha generado serias interrogantes sobre las intenciones de Israel a largo plazo en la región, especialmente en lo que respecta al futuro de la población palestina.
Según la investigación publicada por The New York Times, el ministro de Defensa israelí ha intensificado las señales de que Israel está ajustando sus tácticas para mantener el control, al menos temporalmente, sobre porciones del territorio gazatí. Esta postura alimenta un debate internacional sobre el futuro de Gaza después del conflicto, con propuestas israelíes que sugieren el traslado de palestinos a otras áreas, una idea que ha sido rotundamente rechazada por gran parte de la comunidad internacional.
El anuncio de una renovada ofensiva se produce tras meses de relativa calma, interrumpida por esporádicos ataques israelíes desde mediados de marzo, que siguieron a un alto el fuego de 15 meses. Durante ese período, las fuerzas israelíes llevaron a cabo incursiones en varias ciudades de Gaza, retirándose posteriormente y dejando tras de sí una estela de destrucción que permitió a los militantes palestinos reagruparse entre las ruinas. Este patrón de incursiones y retiradas ha generado dudas sobre la efectividad a largo plazo de la estrategia israelí.
Ahora, el ejército israelí parece apostar por una presencia más prolongada en el territorio capturado. El ministro Katz especificó que las nuevas áreas bajo control israelí se integrarán a las “zonas de seguridad” ya existentes en Gaza. Estas zonas incluyen una franja fronteriza con Egipto e Israel, así como una parte considerable de una vía principal que atraviesa el centro del enclave, buscando así asegurar puntos estratégicos y limitar la movilidad de Hamas.
Una parte fundamental de esta operación en expansión implica, según el ministro Katz, “evacuaciones a gran escala de la población de Gaza de las zonas de combate”. Esta medida, inevitablemente, plantea serias preocupaciones humanitarias sobre el desplazamiento forzado de civiles y la capacidad de proporcionar refugio y asistencia a aquellos que se ven obligados a abandonar sus hogares.
Las demandas de Netanyahu para la Gaza post-conflicto, que incluyen el desarme de Hamas, un control de seguridad israelí integral y la “migración voluntaria” de gazatíes, se perciben como obstáculos insuperables para cualquier acuerdo con Hamas. Estas condiciones, consideradas por muchos como un desplazamiento forzoso, han endurecido aún más las posiciones y dificultan la posibilidad de un diálogo constructivo para alcanzar una solución duradera al conflicto.




