IRÓNICO

Por Yeferson Carhuamaca

La vida es una suerte de quimera bien planificada. Es lo que el tiempo y sus licitudes nos dejan como golpes de una afrenta interminable de decisiones u obligaciones. Comprendo entonces, que los días van acompañados de la muerte, pero que cada vez podemos rebelarnos con sagacidad y un poco de buena suerte, ya que la vida en esencia plena es irónica.

Un anciano luchó durante toda su vida para ganar la lotería, todos los fines de semana religiosamente iba a comprar su boleto, tenía años que intentaba, y ya con 98 años seguía frente al televisor esperando que salga su número ganador, a pesar que de esa manera dejó escapar inviernos, otoños y al final… ganó, sin embargo, murió al día siguiente.

Araña Negra es un reo que durante toda su vida juró y pidió clemencia a todos los habidos y por haber, aquellos encargados de la justicia, nadie daba un voto de credibilidad a lo que decía y ya había cumplido más de 30 años en la cárcel. Él fue condenado a 35 años en la prisión de la ciudad por el homicidio de un hombre, él fue encontrado en un campo baldío, ebrio y al lado del cadáver de unos de sus “amigos”; lo curioso y horrendo es que el cadáver estaba totalmente enmarañado de hilos de pescar de color negro, era una especie de mosca atrapada en la tela de una araña. Le concedieron el indulto un día antes de que cumpliera su pena.

Él repetía: “tomorrow, tomorrow, tomorrow”; y sus hijos contestaban que ya era suficiente con el inglés, que estaban hartos de que todo sea para mañana, los paseos, el cine, el campo, los helados, etc. “No tenemos un mañana”, le decían sus hijos a Carlos. Él era profesor y acostumbraba a laborar por más de 70 horas pedagógicas semanales, distribuidas entre la mañana, la tarde y la noche, llegaba a casa muy cansado y con las pocas energías que le restaban podía darles un beso a sus hijos. Las pocas conversaciones en el desayuno eran sobre su trabajo, que la pizarra, que los plumones, que mi material de hoy, etc. Hasta que una mañana donde ya no tenía que laburar le llamaron de la morgue para reconocer los cuerpos de sus hijos.

Habían salido ya durante un buen tiempo y en el mes de diciembre declaró su amor bajo las estrellas de la navidad del 90, en una noche que los céfiros envolvían sus cuerpos y una calmada lluvia mojaba sus rostros, mientras los labios de ella pronunciaban un “sí”. Pasó el tiempo y él quiso ofrecerle el mejor regalo por el día de San Valentín, era la primera vez que iba a poder hacer algo por alguien en esa fecha. Ahorró durante meses, trabajó tiempos extras, comía poco y no se compró nada por un buen tiempo. Llegó el día. Muy temprano y acompañado de mariachis, además del desayuno más delicioso que alguien podría imaginar, junto a su amigo Alexander, quien ayudara a llevar en un taxi un peluche del tamaño de un ropero familiar y una cantidad incontable de globos con formas de corazón, rosas rojas que con las justas las podía sostener, chocolates de los más caros y finalmente un anillo de compromiso. Yo toqué la puerta, él estaba de rodillas, los mariachis empezaron a cantar. Ella salió de la mano de su esposo.

Había esperado toda su vida para poder conocer la ciudad donde nunca se duerme, la Capital del Entretenimiento Mundial, la Ciudad del Pecado y el Patio de Recreo de América, y había cumplido con todas las condiciones que se le presentó, como por ejemplo complacer a sus padres en terminar la carrera universitaria, además de ahorrar para el viaje y finalmente terminar su relación de siete años, compró los pasajes, era el viaje que había esperado toda su vida. Subió a la aeronave, este despegó. Nunca pudieron ubicar el avión ni los restos de los pasajeros.

¿La existencia es irónica? Es una pregunta que me hago frente al mar, pues entre todas las esencias de la existencia, la ironía es la que resalta entre tantas y otras vicisitudes, es ese manojo de nervios constantes que es promovida por el universo, es la calma durante una afrenta o la reacción al silencio. Y si la vida es irónica, hijo; entonces, tengamos un poco de buen humor y seamos irónicos con la vida misma.