La monopolización en el sector tecnológico vuelve a estar en el punto de mira. La Comisión Federal de Comercio (FTC) ha iniciado un juicio antimonopolio de gran envergadura contra Meta, acusando a la compañía de Mark Zuckerberg de sofocar la competencia mediante la adquisición de ‘start-ups’ prometedoras. El proceso judicial, que podría obligar a Meta a deshacerse de Instagram y WhatsApp, representa una amenaza existencial para el imperio construido por el gigante de las redes sociales y redefine la forma en que el mundo se conecta online. La FTC busca demostrar que Meta ha implementado una estrategia ilegal para consolidar su dominio en el mercado de las redes sociales.
Según la investigación publicada por The New York Times, la sala del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos en el Distrito de Columbia fue el escenario del inicio de este juicio histórico, el primero de carácter antimonopolio impulsado por la FTC bajo la administración Trump.
La FTC argumenta que Meta, al adquirir Instagram y WhatsApp cuando eran empresas emergentes, implementó una “estrategia de comprar o enterrar” para eliminar la competencia. Esta estrategia, según la agencia gubernamental, privó a los consumidores de alternativas en el ámbito de las redes sociales y obstaculizó el desarrollo de otras empresas con potencial para competir con Meta. La defensa de la FTC se basa en la premisa de que la libre competencia es fundamental para el desarrollo económico y la innovación, una política que ha sido piedra angular de la economía estadounidense durante más de un siglo.
Daniel Matheson, el principal abogado de la FTC en el caso, afirmó durante su declaración inicial que Meta “rompió el trato” al optar por comprar a sus rivales en lugar de competir lealmente en el mercado. Esta acusación central apunta directamente a la estrategia empresarial de Meta y cuestiona la legitimidad de su posición dominante en el sector. El juicio se centra en determinar si las adquisiciones de Instagram y WhatsApp fueron anticompetitivas y si Meta utilizó su poder de mercado para sofocar la innovación y limitar las opciones de los consumidores.
El desenlace de este caso podría tener consecuencias de gran alcance para el sector tecnológico. Si la FTC logra demostrar que Meta violó las leyes antimonopolio, la empresa podría verse obligada a vender Instagram y WhatsApp, lo que alteraría significativamente el panorama de las redes sociales. Además, una victoria de la FTC podría sentar un precedente importante y disuadir a otras grandes empresas tecnológicas de adquirir ‘start-ups’ competidoras con el objetivo de eliminar la competencia. La Unión Europea ya ha mostrado su preocupación por las prácticas monopolísticas de las grandes tecnológicas y ha impuesto multas millonarias a empresas como Google y Apple.
Este juicio se produce en un momento de creciente escrutinio sobre el poder y la influencia de las grandes empresas tecnológicas. Los reguladores de todo el mundo están investigando las prácticas comerciales de estas compañías y buscando formas de promover la competencia y proteger a los consumidores. El caso contra Meta es uno de los ejemplos más destacados de esta tendencia y podría marcar un punto de inflexión en la forma en que se regula el sector tecnológico. La decisión final tendrá un impacto significativo en la innovación, la competencia y las opciones disponibles para los usuarios de redes sociales en todo el mundo.




