La reciente anulación del proceso de licitación para la carretera Cerro de Pasco–Huánuco–Pumahuasi, valorizada en más de 650 millones de soles, no es un hecho aislado. Es el síntoma más grave de un problema estructural que condena a nuestras regiones a vivir desconectadas en tres niveles cruciales: carreteras, conectividad aérea e internet. La cancelación de este proyecto clave por tercera vez consecutiva confirma lo que muchos ciudadanos ya sospechaban: hay una desidia institucional que sigue sin reconocer la urgencia del desarrollo integral en la zona centro-oriental del país.
El tramo vial entre Cerro de Pasco, Tingo María y Pumahuasi es una vía estratégica, no solo por conectar la sierra con la Amazonía, sino por representar un eje comercial, agrícola y humano vital para el progreso de las regiones de Huánuco y Pasco. Su paralización —nuevamente— por decisión de Provías Nacional, según el portal de contrataciones del Estado, revela fallas internas reiteradas en la gestión pública y, peor aún, un silencio político que resulta inadmisible.
A la falta de voluntad política se suma una preocupante ausencia de presión social y representación parlamentaria efectiva. Como bien advirtió el exgerente Carlos Zambrano, si este mismo problema hubiese ocurrido en otra región —como Puno o Cusco— la ciudadanía ya estaría movilizada frente al Ministerio de Transportes. Aquí, la reacción ha sido casi inexistente, en gran parte porque el abandono ya se ha naturalizado.
Pero el problema no se agota en las carreteras. Huánuco tampoco cuenta con un sistema de transporte aéreo confiable: el aeropuerto de Tingo María opera con intermitencias y carece de infraestructura moderna. Esto limita el turismo, encarece los traslados de emergencia y frena las inversiones. Y si miramos la conectividad digital, el panorama es igual de sombrío: miles de localidades rurales sobreviven sin acceso a internet de calidad, lo que en la era del conocimiento equivale a una condena al aislamiento educativo, productivo y social.
¿De qué sirve firmar contratos millonarios si no se ejecutan? ¿Qué sentido tiene hablar de “descentralización” si las regiones siguen dependiendo de decisiones tomadas en escritorios capitalinos? La nula ejecución de proyectos como este —junto a otros paralizados en Ayacucho, Piura y dentro de la propia Huánuco— pone en evidencia un patrón: falta de cuadros técnicos, comités cuestionados, procesos expuestos a intereses internos y reformas postergadas.
Mientras tanto, comunidades amazónicas continúan aisladas, agricultores pierden competitividad por no poder trasladar sus productos, y jóvenes estudiantes deben trepar cerros para captar una señal de internet. El impacto no es solo económico; es humano, cotidiano, real.
No se trata de pedir milagros, sino de exigir lo mínimo: continuidad técnica, transparencia en los procesos y voluntad política para ejecutar. La región ya no necesita más planes, sino resultados concretos y sostenibles. Porque sin vías terrestres, sin vuelos regulares y sin fibra óptica, no hay futuro posible. Solo más postergación.




