El sistema penitenciario británico se encuentra nuevamente bajo escrutinio tras un grave incidente ocurrido en la prisión de Frankland, donde Hashem Abedi, condenado por su participación en el atentado de 2017 en Manchester, protagonizó un violento ataque. Este suceso pone de relieve los desafíos persistentes en la gestión de internos de alta peligrosidad y la seguridad en las instituciones penitenciarias.
Según la investigación publicada por The New York Times, el incidente tuvo lugar el sábado, cuando Abedi, de 28 años, agredió a tres funcionarios de prisiones.
El ataque, descrito por la Prison Officers’ Association como particularmente brutal, involucró el uso de aceite de cocina hirviendo y armas improvisadas. Los funcionarios sufrieron quemaduras, escaldaduras y heridas punzantes, lo que subraya la peligrosidad de las armas fabricadas dentro de las prisiones. El incidente plantea interrogantes sobre los protocolos de seguridad y la efectividad de los controles para prevenir la introducción o fabricación de objetos peligrosos.
Uno de los funcionarios agredidos, una mujer, recibió atención médica en un hospital y fue dada de alta, mientras que los dos funcionarios varones permanecen hospitalizados. La gravedad de sus heridas aún no ha sido detallada, pero el incidente ha generado preocupación entre el personal penitenciario y ha reavivado el debate sobre las condiciones de trabajo y la protección de los funcionarios.
Hashem Abedi cumple una condena mínima de 55 años por su complicidad en el atentado de Manchester Arena, que cobró la vida de 22 personas. Fue declarado culpable de asesinato en 2020, ya que la fiscalía argumentó que era «tan responsable» como su hermano, Salman Abedi, quien se inmoló en el ataque reivindicado por el grupo terrorista Estado Islámico. La legislación británica no permitía una cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, ya que era menor de 21 años en el momento del atentado.
Las autoridades penitenciarias han confirmado que la policía está investigando el incidente y han prometido aplicar el «castigo más severo» posible por el ataque a los funcionarios. La Durham Constabulary está llevando a cabo las pesquisas. Este nuevo episodio de violencia en Frankland Prison, conocida por albergar a algunos de los delincuentes más peligrosos del Reino Unido, plantea serias preguntas sobre la gestión de la seguridad y el bienestar del personal.
El incidente ocurre en un contexto de crecientes presiones sobre el sistema penitenciario británico, que enfrenta problemas de hacinamiento y escasez de personal. Este último ataque podría intensificar los llamados a una revisión exhaustiva de las políticas de seguridad y las condiciones laborales en las prisiones de alta seguridad. El Ministerio de Justicia británico aún no ha emitido un comunicado oficial más allá de la declaración inicial del servicio penitenciario.




