Por Arthur Chávez
Desde la fidelidad encarnada, Penélope, hasta la valiente e inamovible Úrsula Iguarán, pasando por la apasionada Emma Bovary, los personajes femeninos han sido trascedentes en la literatura, pues han jugado un papel contundente en las historias narradas. Unas como protagonistas, algunas para traer equilibrio a la trama y otras con una aparición imprevista con el objetivo de definir el desenlace (deus ex machina). Después de haber leído, relativamente, muchos libros es imposible negar esta preponderancia del personaje femenino en la literatura.
Luis Hernán Mozombite, en su cuento “Un buen amigo”, no es ajeno a esto; sin embargo, lo curioso es la presentación o aparición de estos personajes. El cuento de once microcapítulos y aproximadamente 25 páginas, presenta al protagonista, quien narra toda la historia en primera persona, como un personaje masculino; Argos, el buen amigo y héroe del cuento, es macho; el único hermano también es varón. Luego aparecen el padre, un toro, el compañero, el maestro, el suboficial, el primo, etc.; todos personajes masculinos, alrededor de los cuales gira la totalidad o casi totalidad de la historia. Casi totalidad, porque aparecen dos personajes femeninos, antitéticos entre ellos, gracias a las cuales se logra desarrollar toda la historia.
La primera marca la continuación de muchas aventuras, pues de no ser por la esporádica intervención de la joven azafata, el recuerdo de Argos en la mente del narrador hubiera quedado supeditado a esa primera travesura en la escuela.
“Seguramente que la joven azafata, la única que estaba al pie de la escalinata orientando a los pasajeros, se compadeció de mis ojos húmedos de la pena de perderlo, por lo que nos lo devolvió y nos dejó pasar”. (a)
Apenas mencionada en cuatro líneas, quiebra las reglas de vuelo y permite que la mascota viaje en el avión con los niños, motivada por la compasión hacia ellos. Dando así pie a que Argos y los dos hermanos vivan las demás aventuras narradas.
En contraposición a la azafata, hace su también esporádica aparición, la abuela. Aunque no es presentada como un personaje vil o cruel, sí se le conoce a primera vista su carácter estricto, pues no duda en regalar a Argos a su sobrino al primer error que el animalito comete luego del condicionamiento.
“Apareció mi mamá. “¿Y Argos?”, le preguntamos. Ella nos dijo, apenada, que el sobrino de marras se lo había llevado a su chacra por órdenes de la abuela.
La abuela, por su parte, nos dijo que lo sentía mucho, pero que el animalito ya se había vuelto perjudicial y que se iba a acostumbrar a matar más aves del corral”: (b)
Esta escena marca la despedida de Argos del hogar y de sus pequeños amos, y el inicio del final del cuento.
Tanto en el fondo como en la forma, la introducción de estos dos personajes, aunque esporádicos, marca hechos trascendentales y son quizás, desde una perspectiva actancial, los personajes más importantes del cuento.





